Un fenómeno poco común ha encendido las alarmas de salud pública en Irán y es que luego de los ataques contra instalaciones petroleras en los alrededores de Teherán, organismos internacionales alertaron sobre la aparición de lo que se conoce como lluvia negra, una precipitación cargada de residuos contaminantes que afecta la calidad del aire, del agua y del entorno.
La advertencia emitida por la Organización Mundial de la Salud (OMS), destacó que la mezcla de humo, partículas tóxicas y compuestos químicos liberados durante los incendios industriales representa un riesgo importante para la población.

¿Qué es la lluvia negra?
De acuerdo con los reportes de la OMS, el fenómeno de la lluvia negra surge cuando grandes cantidades de humo y partículas contaminantes quedan suspendidas en la atmósfera tras incendios industriales o catástrofes similares.
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En el caso de Irán, el origen se relaciona con la quema de crudo en depósitos petroleros dañados. Durante la combustión del petróleo se liberan hidrocarburos, compuestos de azufre, óxidos de nitrógeno y otras sustancias tóxicas.
Estas partículas flotan en el aire durante horas o incluso días. Cuando llega un sistema de lluvia, las gotas atrapan parte de esos contaminantes y los arrastran hacia el suelo.
El resultado es una precipitación oscura (lluvia negra) que transporta residuos químicos.
Riesgos
Entre los compuestos detectados en este tipo de situaciones se encuentran las partículas ultrafinas conocidas como PM2.5. Su tamaño extremadamente pequeño facilita que ingresen en los pulmones al ser inhaladas.
Diversos estudios científicos vinculan estas partículas con enfermedades respiratorias y problemas cardiovasculares. Algunas investigaciones también señalan una relación con ciertos tipos de cáncer.
Otro grupo de sustancias presentes en el humo son los hidrocarburos aromáticos policíclicos, generados durante la combustión incompleta del petróleo. La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer ha clasificado varios de estos compuestos como potencialmente cancerígenos.
La combinación de todos estos elementos crea una nube contaminante que afecta tanto el aire como las superficies donde termina depositándose.
Debido a los altos riesgos, la OMS adviertió que la exposición al humo y a las partículas tóxicas genera diversos síntomas, entre los más comunes se encuentran irritación en los ojos, picazón en la piel, dolor de cabeza y dificultad para respirar.

El riesgo aumenta en grupos vulnerables como niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares previas.
Además, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, señaló que la exposición prolongada a algunos de estos contaminantes eleva el riesgo de enfermedades graves a largo plazo.
Asimismo, advirtió que el problema no termina cuando la lluvia negra arrastra las partículas hacia la superficie. Una vez en el suelo, los residuos químicos se depositan en carreteras, techos, campos agrícolas y fuentes de agua.
Con el paso del tiempo, el viento levanta polvo contaminado que vuelve a mezclarse con el aire. Este proceso genera una exposición secundaria que prolonga los efectos de la contaminación.
Los cultivos también enfrentan riesgos debido a la presencia de residuos químicos sobre las hojas y el suelo. Sin obviar que el agua de lluvia contaminada alcanza ríos, depósitos y sistemas de almacenamiento.
Monitoreo
Ante este escenario, las autoridades sanitarias han sugerido a la población de Teherán permanecer dentro de casa y mantener puertas y ventanas cerradas.
A su vez, han insistido en que se requiere uso de mascarillas en exteriores a fin de evitar reducir la inhalación de partículas contaminantes.
Mientras continúan los esfuerzos por evaluar los daños ambientales, las autoridades sanitarias mantienen la vigilancia y recomiendan precaución para proteger a la población frente a los efectos de la lluvia negra.
Fuente: La Vanguardia, OMS, National Geographic





