Los asistentes de inteligencia artificial evolucionan más allá de las conversaciones y comienzan a ejecutar tareas de manera autónoma. En esta nueva etapa, OpenAI presentó Dots, mientras que Meta lanzó Muse, dos agentes que compiten por ofrecer herramientas capaces de actuar en nombre de los usuarios.
Sin embargo, sus diferencias también están relacionadas con la privacidad, el acceso a los datos personales y los controles de seguridad.
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Aunque ChatGPT, Dots y Muse están vinculados con la inteligencia artificial, no cumplen exactamente la misma función. ChatGPT es conocido por su capacidad para responder preguntas y ayudar con distintas tareas mediante conversaciones.
Dots y Muse, en cambio, representan una apuesta por asistentes que pueden ejecutar acciones con mayor autonomía, lo que plantea nuevas preguntas sobre la información a la que pueden acceder.

ChatGPT, Dots y Muse: ¿cómo se diferencian?
OpenAI presentó Dots durante su evento DevDay, donde su director ejecutivo, Sam Altman, prometió establecer un nuevo estándar de privacidad para la inteligencia artificial avanzada. El objetivo de la compañía es desarrollar un asistente que pueda trabajar de forma autónoma y, al mismo tiempo, ofrecer controles para limitar sus acciones.
Durante la presentación, Alexander Embiricos, responsable del producto Codex, afirmó que OpenAI busca ofrecer el asistente “más confiable, seguro y protegido”. Entre las herramientas mostradas figuraban controles que permiten establecer límites para determinadas acciones, como impedir compras que superen una cantidad previamente fijada.
Muse, por su parte, fue presentado por Meta el 8 de septiembre. Mark Zuckerberg lo describió como un agente diseñado desde el principio para priorizar la privacidad y la seguridad.
El sistema sustituyó a OpenClaw, una herramienta que funcionaba en la computadora del usuario y que también había generado preocupaciones relacionadas con la seguridad.
Meta apostó por una versión alojada en la nube y supervisada por la compañía. Su rápida popularidad estuvo acompañada de cuestionamientos sobre el acceso a la información personal y la protección de los datos.
Las alertas de seguridad que rodean a Muse
Uno de los principales problemas reportados fue una vulnerabilidad que, según la información publicada, podía permitir que un atacante tomara el control de Muse. Meta corrigió la falla, pero el incidente aumentó las dudas sobre la protección de la información almacenada en sus sistemas.
También surgieron denuncias relacionadas con el tratamiento de datos privados. De acuerdo con el artículo original, Muse está configurado para utilizar la información que los usuarios cargan en la aplicación para entrenar los modelos de Meta, salvo que desactiven esa opción manualmente.
Entre los casos mencionados figuran el de un periodista que afirmó que el asistente leyó y subió sus mensajes privados sin que se lo solicitara y el de un creador de contenido que aseguró que Muse compartió su domicilio con un desconocido a través de Marketplace.
Otra investigación citada reveló que el sistema podía crear automáticamente páginas con información sobre familiares, parejas, amistades y compañeros de trabajo. Esos perfiles incluirían datos sobre las relaciones personales, intereses compartidos y fechas importantes, incluso de personas que nunca utilizaron la aplicación.
¿Qué propone OpenAI para proteger los datos?
OpenAI sostiene que su estrategia incorpora controles para reducir los riesgos asociados con las acciones autónomas. Además de los límites configurables por los usuarios, la compañía anunció opciones reforzadas para clientes empresariales.
Entre ellas se encuentra una modalidad de retención cero, bajo la cual la información no queda almacenada en los servidores de la empresa. La disponibilidad de estos controles busca diferenciar la propuesta de OpenAI de las dificultades de privacidad atribuidas a Muse.
Sin embargo, Dots también tiene una limitación importante: según la información publicada, solo está disponible en planes de ChatGPT cuyos precios comienzan en 100 dólares mensuales. Este requisito reduce el número de usuarios que pueden acceder al asistente.
Privacidad: el desafío de los asistentes autónomos
La competencia entre OpenAI y Meta demuestra que la capacidad de ejecutar tareas no es el único factor relevante al evaluar un asistente de inteligencia artificial. También importa conocer qué información utiliza, qué acciones puede realizar y cuánto control conserva el usuario.
Aunque ambas compañías han presentado sus productos con promesas de seguridad, los incidentes reportados sobre Muse muestran los riesgos que pueden surgir cuando estas herramientas acceden a información personal. En este contexto, los controles de privacidad, la transparencia y la posibilidad de limitar permisos se convierten en elementos fundamentales para valorar su funcionamiento.
Fuente: Infobae




