El exmarine estadounidense Robert Gilman fue excarcelado por Rusia después de una serie de negociaciones con el Gobierno de Estados Unidos, que intervino para gestionar su salida de prisión debido al delicado estado de salud que presentaba durante su reclusión.
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Gilman, estadounidense de origen polaco, permanecía encarcelado desde 2022 en una colonia penal de Vorónezh, ubicada a unos 500 kilómetros al sur de Moscú. Había sido condenado a cuatro años y medio de prisión después de protagonizar varios incidentes en un tren mientras se encontraba bajo los efectos del alcohol.

Robert Gilman
Durante su permanencia en prisión, las autoridades rusas también lo acusaron de provocar peleas y de agredir a un investigador. Además, mientras cumplía su condena, se abrieron ocho causas penales adicionales en su contra por otros tantos incidentes.
La situación del exmarine generó preocupación durante las últimas semanas debido al deterioro de su estado físico y mental.
Personas cercanas a Gilman habían denunciado que no podía alimentarse por sí mismo y que había sido ingresado en una unidad psiquiátrica, donde, según esas denuncias, no podía recibir visitas ni mantener comunicación con sus familiares.
Distintas organizaciones civiles también expresaron su alarma por las condiciones en las que se encontraba. Elizabeth Richards, directora de defensa e investigación de rehenes en la Fundación Foley, manifestó su preocupación por la atención que estaba recibiendo y por su seguridad.
Por su parte, Eric Lebson, representante de Global Reach, llegó a comparar el caso con el de Otto Warmbier, ciudadano estadounidense detenido en Corea del Norte que fue trasladado a Estados Unidos en coma y murió poco después de regresar a su país.
Tras su liberación, el Gobierno estadounidense confirmó que Gilman podía valerse nuevamente por sí mismo y que viajaba en un avión del Departamento de Estado con destino al aeropuerto Dulles, en Washington. Un funcionario que conversó con él señaló a Reuters que, pese a lo ocurrido, parecía encontrarse en buena forma.
La llegada del exmarine a Estados Unidos contó con la presencia de Steve Witkoff, enviado especial del presidente Donald Trump para tratar asuntos con Rusia, y Sebastian Gorka, viceasesor de Seguridad.
En las gestiones para conseguir su liberación también participaron el secretario de Estado, Marco Rubio, y Jared Kushner, yerno del mandatario republicano.
Las conversaciones entre Washington y Moscú incluyeron el caso de Gilman durante una reunión celebrada el 23 de julio entre Rubio y el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov.
Aunque inicialmente no trascendió una respuesta del Kremlin, Estados Unidos consideró posteriormente la excarcelación como un gesto de buena voluntad.
Según fuentes del Gobierno estadounidense citadas en la información, Rusia no habría solicitado concesiones a cambio de liberar al exmarine.
La situación contrasta con otros episodios en los que Washington y Moscú sí realizaron acuerdos que implicaron concesiones, como el intercambio de 26 prisioneros de diferentes países en 2024 o la liberación de la baloncestista estadounidense Britney Griner en 2022.
El caso de Gilman se produjo en un contexto en el que otros nueve ciudadanos estadounidenses permanecen encarcelados en Rusia. Tras su regreso, el exmarine probablemente será trasladado a un centro de rehabilitación en San Antonio, Texas, donde recibiría tratamiento médico.
La excarcelación pone fin a cuatro años de encarcelamiento y a un proceso que estuvo marcado por nuevos cargos, preocupación por su estado de salud y negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Rusia.
Fuente: ABC





