La experta insiste en que conversar con los hijos sigue siendo una de las mayores formas de protección. Aunque los adolescentes parezcan distantes, necesitan cercanía. Escuchar sin reaccionar con exageración puede marcar la diferencia para que se sientan seguros al pedir ayuda cuando enfrenten problemas en internet y generar pensamiento crítico.
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En medio del creciente debate sobre cómo proteger a los niños y adolescentes de los peligros de las redes sociales, una experta propone una solución que va más allá de prohibiciones o restricciones de edad: enseñar pensamiento crítico desde temprana edad.

Pensamiento crítico
La profesora de comunicación Kara Alaimo, especialista en el impacto de las pantallas en jóvenes y autora del libro Más allá de la influencia: por qué las redes sociales son tóxicas para las mujeres y las niñas, y cómo podemos recuperarlas, expone que la capacidad de analizar, cuestionar y evaluar la información puede convertirse en la mejor herramienta de defensa frente a la desinformación, las estafas y otros riesgos digitales.
Según Alaimo, durante la última década ha observado una disminución en la capacidad de los estudiantes universitarios para formular o refutar argumentos sólidos. Considera que parte de este problema está relacionado con la constante exposición a las pantallas, que dificulta la concentración y debilita habilidades fundamentales como la reflexión profunda.
La doctora Maree Davies, profesora titular de educación y práctica social en la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, desarrolla esta idea en su libro Enseñar pensamiento crítico a adolescentes: cómo los jóvenes pueden desenvolverse con inteligencia artificial, algoritmos, noticias falsas y redes sociales.
Davies define el pensamiento crítico como la capacidad de cuestionar, analizar y evaluar cuidadosamente la información antes de decidir qué creer o cómo actuar. Este proceso implica considerar contraargumentos, revisar evidencias y determinar qué afirmación tiene mayor solidez.
Para la especialista, esta habilidad resulta más efectiva que simplemente prohibir el acceso a redes sociales. Explica que impedir su uso no garantiza que, al cumplir determinada edad, los jóvenes comprendan automáticamente cómo funcionan los algoritmos o sepan identificar contenidos engañosos.
Por el contrario, enseñarles a pensar críticamente les permite desarrollar autoeficacia, es decir, la sensación de tener herramientas para actuar con criterio propio. Cuando un adolescente comprende cómo operan las plataformas digitales, puede tomar decisiones más inteligentes y seguras.
Davies también señala que esta capacidad puede ayudar a reducir la ansiedad. A su juicio, muchas veces la ansiedad surge de la falta de control, y cuando una persona sabe analizar situaciones y evaluar información, siente mayor seguridad frente a lo que enfrenta.
Uno de los consejos principales para los padres es fomentar la curiosidad en casa. En lugar de aceptar una información de forma automática, pueden invitar a sus hijos a investigar juntos.
Frases como “acabo de ver algo en las noticias, vamos a averiguar más” permiten modelar una conducta basada en la búsqueda de fuentes, la duda razonable y el interés genuino por comprender el mundo.
La experta recomienda evitar preguntas que suenen acusatorias, como exigir pruebas de manera brusca. En cambio, propone expresiones más abiertas como “¿qué has visto o escuchado que te hace pensar eso?”. Este enfoque facilita el diálogo y evita que los adolescentes se sientan atacados.
El uso del pronombre “nosotros” también es importante. Decir “busquémoslo juntos” transmite la idea de que todos pueden ser vulnerables ante los algoritmos y la desinformación, y que aprender a navegar ese entorno es una tarea compartida.
Otro aspecto clave es enseñar a cambiar de opinión. Davies sostiene que modificar una postura cuando aparece nueva evidencia no debe verse como debilidad, sino como una muestra de madurez intelectual. Los padres pueden dar ejemplo mostrando cómo ellos mismos han reconsiderado decisiones o ideas a partir de nuevas experiencias.
Además, destaca la importancia de aprender a conversar. Muchos adolescentes reciben formación para leer y escribir, pero no necesariamente para sostener conversaciones profundas y argumentadas. Preguntas simples como “¿puedes darme un ejemplo de eso?” ayudan a profundizar el diálogo y obligan a justificar ideas con mayor claridad.
Davies advierte que, en un futuro laboral cada vez más marcado por la inteligencia artificial, la creatividad y el pensamiento crítico serán habilidades aún más valiosas. Si los jóvenes dependen de la IA para resumir, generar ideas o resolver problemas, corren el riesgo de no desarrollar sus propias capacidades.

Resolver problemas nuevos, adaptarse a cambios inesperados y pensar de forma innovadora seguirá siendo una fortaleza exclusivamente humana. Por eso, actividades como dibujar, construir con bloques o practicar deportes también fortalecen conexiones neuronales esenciales durante la adolescencia.
La experta insiste en que conversar con los hijos sigue siendo una de las mayores formas de protección. Aunque los adolescentes parezcan distantes, necesitan cercanía. Escuchar sin reaccionar con exageración puede marcar la diferencia para que se sientan seguros al pedir ayuda cuando enfrenten problemas en internet y generar pensamiento crítico.
Más que controlar cada pantalla, la verdadera protección puede estar en enseñarles a pensar.
Fuente: CNN





