Con esta receta, demuestras que no hace falta salir de casa para disfrutar de sabores intensos y auténticos. Tú decides cómo y cuándo darle a tus platos ese toque irresistible que solo una buena salsa agridulce casera puede ofrecer.
Leer más: 39 Rue de Jean vuelve a ofrecer su servicio Weekday Lunch
Preparar salsa agridulce casera en casa es más sencillo de lo que imaginas y el resultado puede transformar por completo tus comidas.
Esta receta, inspirada en la clásica salsa que encuentras en los restaurantes chinos, combina equilibrio, intensidad y versatilidad.
En pocos minutos consigues una salsa brillante, con ese punto perfecto entre lo dulce y lo ácido que realza carnes, pollos, pescados, rollitos de primavera e incluso verduras o ensaladas.
La gran ventaja de hacerla en casa es que controlas los ingredientes, ajustas el sabor a tu gusto y evitas conservantes innecesarios. Además, no necesitas técnicas complicadas ni utensilios especiales.
Con una cacerola, una cuchara y atención al fuego, logras una salsa cremosa, aromática y lista para acompañar cualquier plato.
Aunque tradicionalmente se utiliza vinagre de arroz, no te preocupes si no lo tienes a mano. Puedes sustituirlo por vinagre blanco sin perder el carácter de la receta. La clave está en respetar las proporciones y en trabajar bien la mezcla para que los sabores se integren desde el inicio.

Ingredientes
- 4 cucharadas de salsa de tomate tipo kétchup
- 1/2 taza de agua
- 4 cucharadas de azúcar blanco o azúcar moscabado
- 3 cucharadas de vinagre de vino blanco o vinagre de arroz
- 1/2 cucharadita de sal
- 3 cucharadas de salsa de soja
- 2 cucharaditas de fécula de maíz o maicena
- 1 cucharada extra de agua caliente para disolver la maicena
Pasos para preparar la salsa agridulce
- Pon una cacerola a fuego medio y vierte en ella el kétchup, el agua, el azúcar, el vinagre, la sal y la salsa de soja.
- Mezcla bien todos los ingredientes con una cuchara o varilla hasta que la preparación tenga un aspecto homogéneo y el azúcar esté completamente integrado.
- Lleva la mezcla al fuego medio y deja que se caliente poco a poco. Mueve con frecuencia para evitar que se pegue y para ayudar a que los sabores se concentren.
- Cuando notes que la salsa empieza a espesar ligeramente y se acerca al punto de hervor, baja el fuego para mantener una cocción suave.
- En una taza aparte, vierte la cucharada de agua caliente y añade la fécula de maíz. Mezcla con cuidado hasta disolverla por completo, asegurándote de que no queden grumos.
- Incorpora la maicena disuelta a la cacerola y mueve de forma constante para que se integre bien con la salsa.
- Cocina durante unos minutos más, sin dejar de remover, hasta que la salsa alcance una textura espesa y brillante.
- Retira del fuego y deja reposar ligeramente antes de usarla. En este punto, la salsa está lista para servir.
Esta salsa agridulce destaca por su equilibrio. El azúcar aporta suavidad, el vinagre da ese toque ácido tan característico y la salsa de soja suma profundidad y color. La maicena cumple un papel fundamental, ya que le da cuerpo y una textura sedosa que se adhiere perfectamente a los alimentos.

Puedes usarla caliente o fría, según el plato que prepares. Funciona de maravilla como salsa para saltear pollo o cerdo, como acompañamiento para rollitos de primavera o como dip para aperitivos.
Incluso puedes guardarla en un frasco hermético en la nevera durante varios días, lista para usar cuando la necesites.
Con esta receta, demuestras que no hace falta salir de casa para disfrutar de sabores intensos y auténticos. Tú decides cómo y cuándo darle a tus platos ese toque irresistible que solo una buena salsa agridulce casera puede ofrecer.
Fuente: Comedera






