Diversos estudios y especialistas en economía e inmigración aseguran que no existe evidencia de que las deportaciones masivas de inmigrantes indocumentados generen más empleos para ciudadanos nacidos en Estados Unidos.
Por el contrario, investigaciones recientes advierten que estas políticas podrían reducir oportunidades laborales, afectar la producción y provocar consecuencias negativas para la economía local.
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La discusión tomó fuerza luego de que la administración de Donald Trump defendiera públicamente la idea de que las deportaciones aumentan el empleo para trabajadores estadounidenses.
En enero de 2026, la Casa Blanca afirmó que durante 2025 aumentó el número de trabajadores nacidos en Estados Unidos mientras disminuyó la cantidad de empleados extranjeros.

Estudios
Sin embargo, expertos y medios especializados cuestionaron esas cifras. Investigadores explicaron que los datos utilizados provienen de la Encuesta de Población Actual y que la metodología puede generar interpretaciones engañosas debido a cambios en la participación de personas nacidas en el extranjero dentro de la muestra estadística.
Jed Kolko, investigador sénior del Instituto Peterson de Economía Internacional, señaló que una caída en la población extranjera registrada por el estudio puede reflejar automáticamente un incremento estadístico de personas nacidas en Estados Unidos, aunque eso no implique necesariamente más empleos reales para ciudadanos estadounidenses.
Uno de los estudios más recientes fue publicado en abril de 2026 por la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER). El estudio evaluó el impacto de las detenciones y deportaciones realizadas por ICE durante los primeros nueve meses de la segunda administración de Trump.
Las investigadoras Elizabeth Cox y Chloe N. East concluyeron que no encontraron pruebas de que las deportaciones aumentaran el empleo entre trabajadores nacidos en Estados Unidos. Incluso detectaron efectos negativos en hombres con educación secundaria o menor nivel académico que trabajan en sectores con alta presencia de inmigrantes.
El estudio sostiene que muchos trabajadores indocumentados desempeñan funciones complementarias dentro de distintas industrias y no necesariamente compiten por los mismos puestos que los ciudadanos estadounidenses.
Por ello, cuando un trabajador inmigrante desaparece de una cadena laboral, otros empleos relacionados también pueden verse afectados.
Giovanni Peri, profesor de Economía Internacional de la Universidad de California en Davis e investigador asociado de la NBER, explicó que sectores como la construcción funcionan mediante labores conectadas entre sí.
Según detalló, si desaparecen trabajadores básicos como albañiles, también disminuye la necesidad de electricistas, ingenieros o supervisores de obra, cargos que suelen ocupar trabajadores nacidos en Estados Unidos.
Uno de los estudios es el de la NBER. Este estima que por cada seis hombres probablemente indocumentados que dejaron de trabajar debido al incremento de acciones migratorias, también se perdió un empleo ocupado por un ciudadano estadounidense.
Además del impacto directo de las deportaciones, los investigadores identificaron un “efecto disuasorio” provocado por las redadas y el temor a encontrarse con agentes migratorios.
Ese miedo habría reducido la participación laboral de otros inmigrantes que permanecen en el país, incluso de personas con situación migratoria regular o ciudadanos estadounidenses percibidos como extranjeros.
Las consecuencias ya se reflejan en distintos sectores productivos. Medios locales informaron que pequeñas granjas en Massachusetts enfrentan una creciente escasez de mano de obra tras los operativos migratorios.
Productores agrícolas señalaron que el miedo entre trabajadores inmigrantes ha reducido la movilidad laboral y la disponibilidad de empleados.
En Florida, negocios de temporada y granjas afirmaron que la cobertura sobre las políticas migratorias dificultó la contratación de trabajadores temporales.
Mientras tanto, en Filadelfia, un negocio de lavado de autos no logró recuperar su volumen de producción después de que siete de sus trabajadores fueran arrestados durante una redada realizada en 2025.
Los antecedentes históricos también apuntan en la misma dirección. Investigaciones sobre las deportaciones masivas de mexicanos ocurridas entre 1929 y 1934 concluyeron que estas medidas estuvieron relacionadas con aumentos del desempleo y disminuciones del empleo entre ciudadanos nacidos en Estados Unidos.
Otro estudio citado por la NBER analizó la eliminación del programa Bracero en 1964, iniciativa que permitía la contratación temporal de trabajadores agrícolas mexicanos.
La intención era abrir más oportunidades para trabajadores estadounidenses, pero los investigadores concluyeron que el impacto en salarios y empleo fue mínimo, ya que muchos empleadores optaron por reemplazar mano de obra con tecnología.
Más recientemente, un estudio sobre el programa “Comunidades seguras”, implementado entre 2008 y 2013, concluyó que las deportaciones derivadas de esa política también estuvieron asociadas con reducciones en empleos y salarios para trabajadores nacidos en Estados Unidos.
Especialistas advierten que las deportaciones masivas también podrían generar un aumento en los precios de alimentos y servicios debido a la disminución de trabajadores en sectores esenciales como agricultura, construcción y producción.
Para los investigadores, la evidencia acumulada en los estudios sugiere que retirar grandes cantidades de trabajadores inmigrantes no garantiza más empleo para ciudadanos estadounidenses y podría provocar efectos económicos adversos en múltiples industrias del país.
Fuente: El País





