La tecnología y la infidelidad no son nuevas. De hecho, el engaño existe desde mucho antes de los teléfonos, las redes sociales o las aplicaciones de citas. Sin embargo, lo que ha cambiado en los últimos años es la forma en que comienza, evoluciona y se descubre una situación como esta.
Hoy en día, las relaciones están atravesadas por una conexión constante. Los dispositivos móviles acompañan a las personas en todo momento, y con ellos llegan nuevas formas de interactuar, conocer gente y mantener conversaciones privadas.
Leer más: Impactante estudio alerta sobre riesgos cognitivos al usar la IA
Por ende, se dice que la tecnología no creó la traición, pero sí transformó el entorno en el que ocurre.

Más acceso, menos barreras
Antes, conocer a alguien fuera de la relación requería tiempo, coincidencias y, en muchos casos, discreción física. Hoy día, basta con deslizar una pantalla para encontrar nuevas personas.
Las aplicaciones de citas, las redes sociales y los algoritmos que sugieren contactos han ampliado las posibilidades de interacción. Esto no significa que todos los usuarios sean infieles, pero sí que las oportunidades esten más presentes que nunca.
Además, el internet reduce la fricción, es decir, hace que iniciar una conversación sea más fácil y rápido. Un mensaje o una simple interacción con emoticones se convierten en el primer paso hacia una conexión más profunda.
Cuando el hombre y la mujer tienen establecida dicha conexión, comienza una interacción reiterativa e intensa. Sin importar que exista contacto físico o no, muchos disfrutan de la atención que se ofrece de esta manera.
Actualmente muchas parejas establecidas inciden en este tipo de conexiones y aunque algunos consideran que conversar con alguien de forma recurrente no es infidelidad, los expertos creen que sí.

Una relación paralela puede existir sin necesidad de contacto físico. Elementos como el secreto, la conexión emocional y la complicidad pueden ser suficientes para considerarla una traición.
Esto ha dado lugar a la llamada infidelidad emocional, que ocurre cuando una persona comparte pensamientos íntimos, afecto o incluso energía romántica con alguien fuera de su relación principal, manteniéndolo en secreto.
En este contexto, el secreto se vuelve un factor clave. No se trata solo de lo que se hace, sino de lo que se oculta. Muchas personas justifican sus acciones porque no hubo contacto físico, pero el hecho de esconder conversaciones o borrar mensajes suele ser una señal de infidelidad.
La tecnología facilita este tipo de conductas. Los chats privados, las aplicaciones con mensajes temporales y las cuentas alternativas permiten mantener interacciones sin dejar rastro evidente.
¿Mucho más infieles con la tecnología?
Aunque el entorno ha cambiado, las razones principales siguen siendo similares. La psicoterapeuta Esther Perel explicó que la infidelidad no siempre nace de la infelicidad, sino del deseo de experimentar algo diferente o de sentirse mejor.
Entre los motivos más comunes están la búsqueda de novedad, la necesidad de validación, el aburrimiento, el resentimiento o simplemente la oportunidad. En muchos casos, no se trata de una crisis profunda, sino de una combinación de factores emocionales.
La gran mayoría de los seres humanos tiende a buscar gratificación inmediata y la tecnología lo ofrece con tan solo hacer clic. Por lo tanto, podría decirse que los dispositivos móviles facilitan la infidelidad, pero no incrementan el deseo de serlo debido a que este acto surge desde criterios emocionales más profundos.

Perel dijo que no todas las personas con dispositivos móviles o aplicaciones como Instagram, TikTok , entre otras, buscan establecer conexiones con otros usuarios.
Así que no, la tecnología no es culpable del aumento de la infidelidad ni tampoco la crea, solo la hace más accesible, rápida y visible. Es una herramienta que amplifica comportamientos humanos que ya existían.
La verdadera raíz está en las dinámicas personales y de pareja. La falta de comunicación, las expectativas no expresadas y las necesidades emocionales insatisfechas siguen siendo factores clave.
A juicio de Perel, es necesario que las parejas hablen abiertamente de expectativas, redes sociales, amistades y privacidad con el fin de prevenir conflictos.
“La tecnología ha cambiado las reglas del juego, pero no la esencia de las relaciones. La fidelidad sigue dependiendo de decisiones, valores y compromiso”, concluyó.
Fuente: Wired





