El síndrome de autofermentación es tan extraño que hace que el intestino produzca alcohol sin necesidad de consumirlo.
Imagina que una persona pueda dar positivo en una prueba de alcoholemia sin haber ingerido una sola gota de alcohol. Aunque es absurdo, la realidad es que aquellos que padecen este síndrome pueden enfrentarse a una situación como esta.
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El síndrome de autofermentación es un trastorno poco conocido y es el responsable de que el intestino produzca etanol, el mismo alcohol presente en las bebidas alcohólicas. Dicho compuesto químico se genera a partir de los alimentos que se consumen.
Suele describirse como una enfermedad rara y no existen cifras confiables sobre cuántas personas la padecen en el mundo. Muchos especialistas sospechan que hay un subregistro importante, ya que los síntomas suelen confundirse con consumo oculto de alcohol u otros problemas médicos.
Esto convierte al síndrome de autofermentación (ABS, por sus siglas en inglés) en un desafío clínico.

¿Cómo identificar el síndrome de autofermentación?
Las personas con ABS pueden experimentar mareos, confusión, desinhibición, dificultades para hablar o caminar. También están propensos a padecer episodios de embriaguez, sin haber bebido alcohol.
Por supuesto, el tipo de embriaguez producto del síndrome de autofermentación puede ser completamente diferente al que se genera por consumo de bebidas alcohólicas. Ya que la enfermedad afecta de formas diferentes y en un nivel más considerable, dependiendo de los pacientes.
Durante años se pensó que el origen de este síndrome estaba asociado a un exceso de levaduras intestinales capaces de fermentar los azúcares. Sin embargo, varias investigaciones recientes apuntaron con mayor fuerza a determinadas bacterias del microbioma intestinal.
Uno de los trabajos más completos fue el divulgado en la revista Nature Microbiology y estuvo liderado por Bernd Schnabl y Cynthia Hsu, investigadores de la Universidad de California.

El estudio analizó muestras de heces de 22 pacientes diagnosticados con ABS, las comparó con las de 21 familiares y con las de 22 personas sanas.
Esto permitió identificar y diferenciar los factores que dependen del entorno y la dieta, y cuáles están directamente relacionados con las bacterias del intestino.
“Las muestras de los pacientes con ABS producían cantidades significativamente mayores de alcohol en condiciones de laboratorio. Las principales responsables eran bacterias intestinales comunes, como Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, capaces de fermentar carbohidratos en exceso y transformarlos en etanol”, revelaron los expertos.
Según los investigadores, estos microorganismos utilizan distintas rutas metabólicas para generar alcohol, y en algunos casos pueden elevar el nivel de alcohol en sangre hasta valores comparables a los de una intoxicación etílica.
Una enfermedad que demanda investigación
El diagnóstico del ABS sigue siendo complicado. Los métodos tradicionales suelen implicar dietas ricas en carbohidratos bajo estricta supervisión médica, acompañadas de mediciones repetidas de alcohol en sangre.
Dicho proceso es largo, incómodo y no siempre concluyente. Razones por las que muchas personas son etiquetadas como alcohólicas encubiertas, a pesar de que no consuman bebidas de este tipo.
A fin de hacer el diagnóstico más sencillo, tanto Bernd Schnabl y Cynthia Hsu dijeron que se podría utilizar muestras de heces para identificar la presencia de bacterias productoras de alcohol y analizar su metabolismo.

Este enfoque puede facilitar diagnósticos más rápidos y precisos, además de abrir la puerta a tratamientos dirigidos.
Actualmente y debido a la rareza de su naturaleza, no existe un tratamiento estándar para el síndrome de autofermentación. Los especialistas que tratan la enfermedad suelen sugerir cambios en la dieta, antibióticos o antifúngicos.
Muchos pacientes pueden ver resultados favorables, pero no hay garantías de que la enfermedad se estabilice o desaparezca.
Los investigadores creen que se necesitan estudios más amplios para determinar el alcance de este problema e identificar tratamientos precisos que ayuden a los pacientes a tener una vida mejor.
Fuente: DW





