En conjunto, Premio Lo Nuestro 2026 demostró que la música Latina vive un momento de expansión creativa. Las actuaciones combinaron legado, innovación y espectáculo de alto impacto. Más allá de los galardones entregados, la verdadera competencia se libró sobre el escenario, donde cada artista defendió su lugar con talento, identidad y una producción que elevó el estándar de la industria.
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La edición 38 de Premio Lo Nuestro convirtió al Kaseya Center en el epicentro de la música Latina. La ceremonia celebró lo mejor del año, pero fueron las presentaciones en vivo las que realmente definieron la noche.
Entre homenajes históricos, colaboraciones explosivas y apuestas visuales de alto nivel, el escenario vibró con una intensidad difícil de igualar.

Mejores momentos de Premio Lo Nuestro
Uno de los momentos más poderosos llegó con el homenaje a Arcángel, quien celebró dos décadas de trayectoria rodeado de figuras clave del género urbano. Feid abrió el set junto al artista puertorriqueño con una energía magnética que marcó el tono del tributo.
Luego se sumaron J Balvin, Jhayco, Mora, Sech, Jay Wheeler y Eladio Carrión. Más que un tributo, el segmento se sintió como una consagración. Cada intervención reforzó la huella de Arcángel en la evolución del reggaetón contemporáneo.
Otro instante memorable lo protagonizó Juanes. Con guitarra en mano, el colombiano recorrió algunos de los himnos que marcaron generaciones.
Su interpretación combinó carisma, potencia vocal y un mensaje claro sobre la importancia de la música hecha con sensibilidad humana. El público respondió coreando cada canción, confirmando su estatus como una de las figuras más influyentes del pop rock Latino.
La bachata también tuvo su momento estelar gracias a Romeo Santos y Prince Royce. Ambos artistas trasladaron la esencia del Bronx neoyorquino al escenario con una producción que evocó estaciones de metro y símbolos urbanos.
En el terreno de la salsa, Marc Anthony compartió escenario con Nathy Peluso. Sin necesidad de grandes artificios, la dupla apostó por una orquesta sólida y una interpretación vocal impecable.
La combinación de experiencia y frescura demostró que la salsa sigue reinventándose sin perder su esencia.
El espectáculo visual alcanzó otro nivel con Ryan Castro, quien apostó por una puesta en escena cargada de dramatismo. Casas, fuego y transiciones dinámicas acompañaron su repertorio urbano.
La aparición de J Balvin elevó aún más la intensidad del cierre, consolidando uno de los números más comentados de la noche. También le dedicó unas palabras a Arcangel.
“Qué honor estar aquí esta noche… Mi hermano, tu estatura no mide tu grandeza, no se mide por centímetros, se mide por impacto. Quiero que sepas que eres una leyenda viva”.
El regional mexicano también tuvo representación sólida. Carín León optó por una presentación más íntima, centrada en la fuerza emocional de su interpretación. Sin excesos escénicos, su voz conectó de manera directa con la audiencia. En contraste, Xavi apostó por una estética juvenil y fresca, demostrando seguridad vocal sin depender de recursos digitales.

La cuota femenina brilló con fuerza. Gloria Trevi ofreció un número cargado de simbolismo y dramatismo visual. Thalía transformó el escenario con una propuesta disco vibrante y teatral.
Maria Becerra encendió el ambiente con una coreografía intensa que conectó de inmediato con el público joven.
También destacaron colaboraciones inesperadas como la de Maluma y Kany García, quienes construyeron una escenografía envolvente que aportó narrativa visual a su interpretación. Cada detalle reforzó la intención artística del número.
En conjunto, Premio Lo Nuestro 2026 demostró que la música Latina vive un momento de expansión creativa. Las actuaciones combinaron legado, innovación y espectáculo de alto impacto. Más allá de los galardones entregados, la verdadera competencia se libró sobre el escenario, donde cada artista defendió su lugar con talento, identidad y una producción que elevó el estándar de la industria.
Fuente: Billboard





