La falta de aire, el cansancio o la hinchazón en las piernas pueden parecer molestias normales asociadas al paso de los años. Sin embargo, cuando estos síntomas aparecen o empeoran progresivamente, también pueden estar relacionados con un problema cardíaco que muchas personas desconocen: la estenosis aórtica.
Esta enfermedad afecta a la válvula aórtica del corazón, que se encarga de permitir el paso de la sangre desde el corazón hacia el resto del organismo. Con el tiempo, la válvula puede endurecerse y estrecharse, dificultando que la sangre circule con normalidad. Como consecuencia, el corazón tiene que realizar un esfuerzo cada vez mayor para mantener el flujo sanguíneo.
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La preocupación aumenta entre los adultos mayores. Datos recientes señalan que más del 13 % de los estadounidenses mayores de 75 años padecen estenosis aórtica, una cifra que refleja la importancia de reconocer sus señales y buscar atención médica a tiempo.
Más de 600,000 muertes en 25 años por estenosis aórtica
La dimensión del problema también queda reflejada en las cifras de mortalidad. Un estudio que analizó los datos registrados entre 1999 y 2024 encontró que más de 600,000 adultos estadounidenses murieron a causa de la estenosis aórtica.
La enfermedad puede avanzar durante años sin provocar señales evidentes. Precisamente por eso, muchas personas comienzan a limitar sus actividades cotidianas sin identificar que existe un problema de fondo.
Caminar distancias que antes resultaban sencillas, subir escaleras o realizar tareas domésticas puede empezar a generar un cansancio inusual. En algunos casos, la persona simplemente reduce su actividad y atribuye el cambio al envejecimiento.
Ese comportamiento puede retrasar el diagnóstico. Cuando la estenosis aórtica es grave y no recibe tratamiento, el pronóstico puede ser especialmente preocupante. En adultos mayores, la mortalidad alcanza hasta el 50 % en un periodo de cinco años cuando la enfermedad permanece sin tratar.

¿Cuáles son las señales de alerta?
Los síntomas pueden aparecer de manera gradual y no necesariamente se presentan todos al mismo tiempo. Entre los principales signos de advertencia se encuentran:
- Dificultad para respirar, específicamente durante la actividad física.
- Dolor o presión en el pecho.
- Mareos o episodios de desmayo.
- Cansancio que aparece con esfuerzos que antes eran fáciles de realizar.
- Hinchazón en tobillos, piernas, abdomen o alrededor de los ojos.
El problema es que varias de estas señales tienden a confundirse con cambios propios de la edad. Por eso, cualquier modificación persistente en la capacidad para realizar actividades cotidianas debería comentarse con un profesional de la salud.

Una enfermedad poco conocida
La falta de información representa otro desafío. Alrededor del 75 % de los adultos estadounidenses afirma saber poco o nada sobre las enfermedades de las válvulas cardíacas. El desconocimiento también afecta a las personas de 65 años o más, precisamente uno de los grupos que requiere mayor atención frente a este tipo de problemas.
La detección puede incluir una evaluación médica y pruebas destinadas a conocer cómo funciona el corazón y la válvula aórtica. Identificar la enfermedad permite determinar su gravedad y valorar las alternativas disponibles.
Aunque la estenosis aórtica puede tener consecuencias graves, el panorama no se limita al diagnóstico. Las opciones de tratamiento han evolucionado durante los últimos años.
Una de ellas es el reemplazo de la válvula aórtica por vía transcatéter (TAVR), un procedimiento mínimamente invasivo que permite sustituir la válvula sin recurrir necesariamente a una cirugía cardíaca abierta. La alternativa adecuada depende de factores como la edad, el estado general del paciente y las características de la enfermedad.
Para Wayne Paterson, director ejecutivo de Anteris Technologies, uno de los principales riesgos está en que las personas reduzcan poco a poco sus actividades y consideren que ese cambio simplemente forma parte del envejecimiento.
Por eso, prestar atención a las señales del cuerpo puede ser determinante. La falta de aire, el cansancio o los mareos persistentes no deberían descartarse automáticamente por la edad. Una conversación temprana con un médico puede ayudar a descubrir si detrás de esos cambios existe una enfermedad cardíaca que requiere atención.
Fuente: Nota especial




