La carrera espacial del siglo XXI se intensifica. China avanza con su propio programa lunar, la NASA busca consolidar liderazgo y empresas privadas compiten por contratos estratégicos. En este escenario dinámico, Elon Musk reordena prioridades con un enfoque pragmático: avanzar primero donde el acceso resulta más frecuente y los riesgos logísticos son menores.
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Elon Musk ha dado un giro estratégico en su ambiciosa carrera espacial. El fundador de SpaceX, quien durante más de una década defendió la colonización de Marte como meta central de su compañía, ahora coloca a la Luna como prioridad inmediata.
Según explicó en la red social X, su nuevo objetivo consiste en impulsar la construcción de una “ciudad de crecimiento autónomo” en suelo lunar, un proyecto que considera viable en menos de diez años.

Elon Musk
Elon Musk sostiene que establecer presencia humana permanente en la Luna resulta más factible en términos logísticos y temporales.
Argumenta que las ventanas de lanzamiento hacia Marte se abren cada 26 meses y exigen viajes de aproximadamente seis meses, mientras que los traslados a la Luna pueden realizarse cada diez días y duran apenas dos jornadas.
Para el empresario, esta ventaja convierte al satélite natural en la opción más rápida para garantizar lo que define como la seguridad a largo plazo de la civilización.
El cambio no implica que SpaceX abandone Marte. Elon Musk asegura que mantiene la intención de comenzar la construcción de una ciudad marciana en un plazo de cinco a siete años.
Sin embargo, el énfasis inmediato recae en la exploración lunar, un territorio donde la NASA concentra actualmente sus mayores esfuerzos a través del programa Artemis.
La agencia espacial estadounidense planea llevar nuevamente astronautas a la superficie lunar en 2028, lo que marcaría el regreso humano desde el fin del programa Apolo en 1972.
Artemis II, cuya misión circunnavegará la Luna sin alunizar, está prevista para marzo y servirá como antesala técnica para Artemis III, el esperado descenso tripulado.
En este contexto, SpaceX juega un papel crucial: la empresa posee un contrato cercano a los 3,000 millones de dólares para desarrollar el módulo de aterrizaje lunar que transportará astronautas desde la órbita hasta la superficie.
Ese módulo se basa en Starship, el sistema de cohete y nave espacial más grande jamás construido. Elon Musk diseñó Starship con la vista puesta en Marte, pero ahora el vehículo se convierte también en pieza clave del regreso a la Luna.
No obstante, el programa enfrenta desafíos significativos. Starship aún no ha completado un vuelo orbital exitoso y ha registrado varias explosiones durante pruebas. La compañía trabaja en nuevos prototipos que podrían estrenarse próximamente, en un intento por acelerar su maduración tecnológica.
La apuesta lunar también se desarrolla en medio de tensiones políticas y competencia empresarial.
Funcionarios estadounidenses han expresado preocupación por los plazos de SpaceX y han evaluado alternativas como Blue Origin, la firma fundada por Jeff Bezos, que también desarrolla un módulo de aterrizaje para la NASA.
Blue Origin incluso suspendió temporalmente sus vuelos turísticos suborbitales para concentrar recursos en su proyecto lunar.
El movimiento estratégico de Elon Musk coincide además con una etapa de intensa actividad corporativa. Recientemente, SpaceX adquirió xAI, otra de sus empresas tecnológicas, en una operación que refuerza su ecosistema empresarial.
Aunque no se han detallado vínculos directos entre inteligencia artificial y la nueva prioridad lunar, la integración sugiere una visión de infraestructura espacial cada vez más sofisticada y automatizada.
Durante años, Elon Musk calificó los planes lunares como una distracción frente al objetivo marciano. Hoy, la narrativa cambia.
La Luna aparece como campo de pruebas, plataforma industrial y posible enclave autosuficiente que permita desarrollar tecnologías, sistemas de soporte vital y modelos de asentamiento antes de dar el salto definitivo al planeta rojo.

La carrera espacial del siglo XXI se intensifica. China avanza con su propio programa lunar, la NASA busca consolidar liderazgo y empresas privadas compiten por contratos estratégicos. En este escenario dinámico, Elon Musk reordena prioridades con un enfoque pragmático: avanzar primero donde el acceso resulta más frecuente y los riesgos logísticos son menores.
Si SpaceX logra convertir su visión en realidad, la próxima década podría presenciar no solo el regreso humano a la Luna, sino el inicio de una presencia sostenida fuera de la Tierra.
La meta final sigue siendo Marte, pero el camino, al menos por ahora, pasa inevitablemente por el polvo gris del satélite lunar.
Fuente: CNN





