Ejercicio y naturaleza: la combinación que fortalece la salud mental
febrero 5, 2026
By: Carlos Graterol

Estos hallazgos sientan las bases para nuevas políticas de salud pública orientadas a jóvenes adultos. En esa línea, el equipo de investigación desarrolla actualmente el proyecto SeeNAT, que analizará durante cuatro años 36 tipos de actividad física y ejercicio en distintos entornos naturales. El objetivo es identificar qué combinaciones generan mayor impacto positivo en la salud mental y cómo integrarlas de forma efectiva en la vida cotidiana.

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No todas las actividades cotidianas generan el mismo impacto en el bienestar emocional.

Un estudio reciente demuestra que la salud mental mejora de forma significativa cuando dos hábitos específicos se practican de manera conjunta y constante: la actividad física y el contacto frecuente con entornos naturales.

La clave no está en hacer uno u otro, sino en integrarlos de forma consciente en la vida diaria.

Ejercicio
Imagen cortesía de Infobae

Ejercicio y naturaleza

La investigación fue desarrollada por la Université de Montréal y publicada en el Journal of Physical Activity and Health.

El trabajo estuvo liderado por el posdoctorando Corentin Montiel, bajo la supervisión de la profesora Isabelle Doré, especialista en actividad física y salud pública.

El estudio se centró en jóvenes adultos, un grupo que ha experimentado un marcado deterioro en su bienestar psicológico durante la última década.

Entre 2011 y 2018, los trastornos del estado de ánimo y la ansiedad aumentaron de forma sostenida entre personas de 19 a 24 años.

Tras la pandemia, la situación se agravó: en 2020, solo el 26 % de los jóvenes de 15 a 29 años se declaró muy satisfecho con su vida, frente al 72 % registrado en 2018.

Este contexto impulsó a los investigadores a explorar factores cotidianos que pudieran marcar una diferencia real.

A diferencia de otros estudios, este trabajo no se limitó a medir la cantidad objetiva de áreas verdes cercanas al domicilio.

Los investigadores preguntaron directamente a 357 participantes del estudio MATCH, con una edad promedio de 21.9 años, cómo percibían la presencia de la naturaleza en su rutina diaria y durante la práctica de ejercicio.

Las respuestas se calificaron en una escala del 1 al 5, priorizando la experiencia subjetiva.

Los resultados fueron claros. La exposición ocasional a espacios verdes o el ejercicio aislado no mostraron beneficios sólidos cuando se analizaron en profundidad.

Solo quienes reportaron una alta percepción de la naturaleza tanto en su vida diaria como al hacer actividad física presentaron mejoras estadísticamente significativas en su salud mental.

El 25 % de los participantes que combinó ambos hábitos obtuvo 7.4 puntos más en la escala de bienestar mental en comparación con el 35 % que declaró baja exposición en ambos contextos.

Incluso después de ajustar los resultados según el estado de salud mental previo, este grupo mantuvo una ventaja de 3.6 puntos sobre el resto.

Según Isabelle Doré, la conclusión es contundente: la naturaleza debe integrarse en distintos momentos del día y no limitarse a una experiencia puntual. El beneficio aparece cuando la persona percibe activamente los elementos naturales mientras se mueve, camina, corre o entrena.

El estudio también explica por qué hacer ejercicio en entornos verdes potencia sus efectos. Estos espacios tienden a dirigir la atención hacia estímulos externos como sonidos, colores o movimientos del entorno, en lugar de centrarla en el cansancio o la incomodidad física.

Este cambio de foco mental favorece estados de ánimo más positivos y reduce la percepción de esfuerzo.

Además, la relación entre actividad física y naturaleza funciona en ambos sentidos. Los espacios verdes invitan a moverse más, y el ejercicio frecuente aumenta la predisposición a buscar y valorar entornos naturales.

Esta interacción refuerza el hábito y amplifica sus beneficios.

Ejercicio
Imagen cortesía de Infobae

Sin embargo, la investigación también advierte sobre una desigualdad estructural. En Canadá, el acceso a áreas verdes urbanas resulta menor para inmigrantes, minorías racializadas y hogares de bajos ingresos.

Esta limitación reduce las oportunidades de ejercicio al aire libre y profundiza las brechas en salud mental.

Ante este escenario, Doré propone dos líneas de acción. Por un lado, ampliar el acceso a entornos naturales más alejados mediante programas comunitarios, excursiones escolares y préstamos de equipamiento.

Por otro, potenciar experiencias locales con la naturaleza. Un parque urbano, una plaza arbolada o un sendero cercano pueden convertirse en aliados clave del bienestar.

Estos hallazgos sientan las bases para nuevas políticas de salud pública orientadas a jóvenes adultos. En esa línea, el equipo de investigación desarrolla actualmente el proyecto SeeNAT, que analizará durante cuatro años 36 tipos de actividad física y ejercicio en distintos entornos naturales. El objetivo es identificar qué combinaciones generan mayor impacto positivo en la salud mental y cómo integrarlas de forma efectiva en la vida cotidiana.

Fuente: Infobae

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