Cultivar jengibre en casa es una alternativa práctica para quienes desean tener una planta aromática y de uso frecuente sin necesidad de contar con un jardín. Gracias a su capacidad para desarrollarse en macetas y espacios reducidos, esta especie tropical puede crecer en balcones, terrazas o incluso en interiores con buena iluminación indirecta.
Especialistas de la Universidad de Maryland y Virginia Tech destacan que su cultivo requiere una inversión mínima y puede realizarse incluso sin experiencia previa.
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El jengibre crece a partir de un rizoma, un tallo subterráneo carnoso que, además de ser ampliamente utilizado en la cocina, ocupa un lugar importante en la medicina tradicional mexicana.
De acuerdo con la Biblioteca Digital de la Medicina Tradicional Mexicana de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante siglos ha sido empleado como remedio digestivo, antiinflamatorio y para aliviar la tos.

Jengibre
El primer paso para iniciar el cultivo consiste en elegir un rizoma adecuado. Los especialistas recomiendan utilizar jengibre fresco, preferentemente orgánico, ya que el producto comercial suele tratarse con inhibidores del crecimiento para prolongar su conservación, lo que puede dificultar la aparición de brotes.
Al momento de seleccionarlo, es importante que el rizoma sea firme y presente pequeños nódulos visibles, conocidos como “ojos”, desde donde surgirán los nuevos tallos. Posteriormente, debe cortarse en fragmentos de entre dos y cuatro centímetros, procurando que cada pieza conserve al menos dos ojos.
Antes de sembrarlo, los cortes necesitan permanecer entre 24 y 48 horas al aire para formar una capa protectora que disminuya el riesgo de pudrición. Después de este proceso, se recomienda dejar las piezas en agua tibia durante toda una noche para favorecer la brotación.
La elección de la maceta también resulta fundamental para obtener buenos resultados. La Universidad de Maryland señala que el recipiente debe ser ancho y poco profundo, con un diámetro mínimo de 30 centímetros, ya que el jengibre se desarrolla de manera horizontal.
Además, debe contar con orificios de drenaje para evitar la acumulación de agua, condición que puede afectar el crecimiento del rizoma.
Respecto al sustrato, los expertos aconsejan utilizar una mezcla ligera, rica en materia orgánica y con buen drenaje. Una combinación de tierra para macetas y composta ofrece las condiciones necesarias para favorecer el desarrollo de la planta.
Los trozos del rizoma deben colocarse de forma horizontal, con los ojos orientados hacia arriba, y cubrirse con una capa de tierra de entre tres y cinco centímetros. Después del primer riego, la maceta debe permanecer en un lugar cálido con luz indirecta.
Durante las primeras semanas es importante tener paciencia. Virginia Tech explica que el jengibre puede tardar 50 días o incluso más en brotar. Mientras esto ocurre, no requiere una exposición constante a la luz ni riegos abundantes. La temperatura ideal para favorecer la brotación se sitúa entre los 21 y los 26 grados Celsius.
Una vez que aparecen los primeros brotes verdes, la planta puede trasladarse a un sitio con mayor iluminación, siempre evitando el sol directo durante las horas más intensas de la tarde, ya que este puede dañar las hojas.
El riego debe realizarse con moderación, procurando mantener el sustrato húmedo, pero nunca encharcado. Asimismo, la Universidad de Maryland recomienda aplicar un fertilizante equilibrado una vez al mes durante la etapa de crecimiento para fortalecer el desarrollo de la planta.
La cosecha suele producirse entre ocho y diez meses después de la siembra, cuando el follaje comienza a amarillear. Una de las ventajas del cultivo en maceta es que permite extraer únicamente los rizomas exteriores y dejar el resto en la tierra para que continúen creciendo.
Después de la cosecha, el jengibre puede conservarse sin pelar en el refrigerador durante un máximo de tres semanas o permanecer congelado hasta seis meses, según las recomendaciones de Virginia Tech.
Además de su facilidad de cultivo, el jengibre continúa siendo objeto de interés por sus propiedades. El Atlas de las Plantas de la Medicina Tradicional Mexicana de la UNAM señala que comunidades como los totonacas, otomíes y nahuas lo han utilizado tradicionalmente para aliviar la tos, los reumas y los calambres.
Asimismo, estudios farmacológicos citados por la institución han identificado en el rizoma compuestos como el gingerol, el shogaol y la zingerona, responsables de actividades antiinflamatorias, antiespasmódicas y antibióticas frente a bacterias como Escherichia coli y Staphylococcus aureus.
Estos hallazgos refuerzan el valor de una planta que, además de ser sencilla de cultivar en casa, continúa despertando interés tanto por sus aplicaciones culinarias como por sus propiedades tradicionales.
Fuente: Cronista





