Hay días en los que una salida al supermercado termina entre lágrimas, una rabieta interrumpe la hora de dormir o un simple “no” desata una tormenta de gritos y frustración. Para muchos padres, manejar los llamados berrinches sin perder la paciencia es uno de los mayores desafíos de la crianza, y más cuando no saben cómo ayudar a sus hijos a recuperar la calma.
Los berrinches son una parte habitual del desarrollo infantil y, aunque pueden poner a prueba la paciencia de cualquier adulto, no siempre son una señal de mala conducta. En muchos casos, los niños todavía no tienen las herramientas necesarias para expresar lo que sienten, aceptar límites o afrontar una situación que no sale como esperaban.
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La buena noticia es que existen estrategias para acompañarlos durante estos momentos, evitar que la tensión aumente y enseñarles, poco a poco, a gestionar sus emociones. Saber cómo reaccionar, qué errores evitar y cuándo establecer límites es fundamental para afrontar las rabietas con mayor tranquilidad.

Mantén la calma durante la crisis
Cuando un niño grita, llora o se tira al suelo, es comprensible que los adultos sientan frustración. Sin embargo, responder con gritos o amenazas suele aumentar la tensión.
Antes de intervenir, respira profundamente y procura hablar con un tono tranquilo. Tu comportamiento también le enseña al niño cómo reaccionar ante emociones intensas.
Reconoce lo que está sintiendo
En lugar de decirle que deje de llorar inmediatamente, intenta reconocer su emoción. Frases como “entiendo que estás enojado porque querías seguir jugando” ayudan a que el pequeño se sienta escuchado.
Validar sus sentimientos no significa aceptar cualquier conducta. Es posible reconocer su enojo y, al mismo tiempo, explicarle que no está permitido golpear, romper objetos o lastimar a otras personas.

Evita discutir mientras está alterado
Durante los berrinches intensos, al niño le cuesta escuchar explicaciones largas y razonar con claridad. Por eso, no es el mejor momento para ofrecer sermones o intentar convencerlo de que está equivocado.
Utiliza frases cortas, habla despacio y espera a que se calme para conversar sobre lo ocurrido.
Establece límites claros y consistentes
Los niños necesitan saber qué comportamientos son aceptables y cuáles no. Si una regla cambia constantemente, les resultará más difícil comprenderla.
Por ejemplo, si no está permitido comprar dulces antes de cenar, mantén esa decisión incluso cuando aparezca el llanto. Lo importante es explicar el límite con respeto y evitar castigos desproporcionados.

Ofrécele alternativas sencillas
En ocasiones, los berrinches aparecen porque el niño siente que no tiene control sobre una situación. Darle opciones limitadas puede ayudar a reducir esa frustración.
En lugar de preguntar si quiere vestirse cuando es necesario salir, puedes decirle: “¿prefieres la camiseta azul o la roja?”. De esta manera, mantienes el límite mientras le permites tomar pequeñas decisiones.
Identifica qué provoca los berrinches
Observar cuándo y por qué ocurren estas reacciones permite anticiparse a algunas situaciones. El hambre, el cansancio, el exceso de estímulos, los cambios de rutina y la dificultad para expresar una necesidad son desencadenantes frecuentes.
Si notas que los berrinches aparecen antes de la hora de comer, procura ofrecer una merienda adecuada. Si ocurren cuando termina una actividad, avísale con anticipación que pronto será momento de cambiar de tarea.

Evita ceder únicamente para detener el llanto
Si cada acto termina con el niño obteniendo aquello que pidió, podría aprender que esa reacción es una forma efectiva de conseguirlo.
Esto no significa ignorar sus necesidades ni negar consuelo. Se trata de mantener la decisión cuando sea razonable hacerlo y buscar otras maneras de ayudarlo a gestionar la frustración.
Enséñale a expresar sus emociones
Los niños necesitan aprender palabras para explicar lo que sienten. Puedes ayudarles a identificar emociones como tristeza, enojo, miedo o decepción. Cuando esté tranquilo, practica frases como “estoy molesto”, “necesito ayuda” o “quiero intentarlo otra vez”.
También utiliza cuentos, dibujos y juegos para hablar sobre las emociones de una manera sencilla. Cuando el niño consiga expresar su molestia sin golpear, espere su turno o acepte un límite con menos dificultad, reconoce ese esfuerzo.
En lugar de limitarte a decir “muy bien”, explica qué hizo correctamente: “Me gustó que me dijeras que estabas enojado sin pegar”. Este tipo de reconocimiento refuerza las conductas que deseas fomentar.
Fuente: Con información de Ohana psicología y clínica alemana




