El debate sobre el arsénico también reavivó otra preocupación sanitaria: el consumo elevado de azúcar. Diversos estudios relacionan la ingesta frecuente de productos azucarados con obesidad, resistencia a la insulina y mayor riesgo de diabetes tipo 2.
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Un informe reciente del Departamento de Salud de Florida encendió las alertas al detectar arsénico en 28 de 46 dulces analizados, varios de ellos de marcas ampliamente consumidas en Estados Unidos.
El hallazgo generó preocupación entre padres y consumidores, pero también abrió un debate técnico sobre la metodología utilizada y el verdadero riesgo para la salud.

Arsénico en dulces
Según el reporte, entre los productos con presencia del elemento se encuentran referencias como Skittles, Snickers y Kit Kat. Otros, como Reese’s, M&M’s y Twix, no mostraron niveles detectables en las pruebas divulgadas.
El organismo estatal incluso calculó cantidades de consumo consideradas “seguras” para cada producto, aunque no detalló cómo estableció esos límites.
El arsénico es un elemento natural presente en el suelo, el agua y algunos alimentos. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer clasifica el arsénico inorgánico como cancerígeno para los humanos.
Sin embargo, no todo el arsénico tiene el mismo nivel de toxicidad. El orgánico, que aparece de forma natural en ciertos alimentos, suele considerarse menos peligroso que el inorgánico, vinculado a mayores riesgos cuando la exposición es prolongada o elevada.
Aquí surge uno de los puntos críticos del informe: no especifica si los valores detectados corresponden a arsénico orgánico o inorgánico.
Sin esa información, expertos en toxicología advierten que resulta difícil evaluar la magnitud real del problema. La diferencia entre peligro y riesgo es fundamental.
Un peligro es la capacidad potencial de causar daño; el riesgo depende de la dosis y la frecuencia de exposición. Consumir un producto que contenga trazas de un elemento no implica automáticamente un impacto negativo en la salud.
Otro aspecto que generó controversia es la técnica empleada para el análisis. Un portavoz estatal señaló que las muestras se procesaron con el Método 6010D de la Agencia de Protección Ambiental, diseñado para medir metales en muestras ambientales.
Varios especialistas cuestionaron su aplicación en alimentos y subrayaron que el informe no detalla posibles adaptaciones ni controles específicos para matrices alimentarias. La ausencia de datos técnicos completos limita la interpretación científica y puede alimentar percepciones alarmistas.
La Asociación Nacional de Confiteros calificó el informe como erróneo y criticó la falta de transparencia en los criterios utilizados.
También recordó que la Administración de Alimentos y Medicamentos cuenta con herramientas propias de monitoreo, como la Interfaz del Estudio de la Dieta Total, que evalúa metales y otros compuestos en productos de consumo. Según la industria, los valores registrados en bases federales suelen ser inferiores a los difundidos por Florida.
Más allá de la discusión técnica, algunos especialistas en seguridad alimentaria subrayan que la exposición crónica a arsénico inorgánico puede aumentar el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares y alteraciones en el desarrollo infantil.
No obstante, recalcan que el impacto depende de la cantidad ingerida a lo largo del tiempo. En los ejemplos publicados por el estado, para superar el umbral considerado seguro un niño debería consumir decenas de unidades de ciertos dulces en un año, lo que introduce matices importantes en la conversación pública.

El debate sobre el arsénico también reavivó otra preocupación sanitaria: el consumo elevado de azúcar. Diversos estudios relacionan la ingesta frecuente de productos azucarados con obesidad, resistencia a la insulina y mayor riesgo de diabetes tipo 2.
En Estados Unidos, la prevalencia de obesidad alcanza 49.9 % entre adultos negros no hispanos, 45.6 % entre hispanos, 41.4 % entre blancos no hispanos y 16.1 % entre asiáticos, según datos de los CDC. Estas cifras muestran que el problema va más allá de un componente puntual.
Ante este panorama, los expertos recomiendan mantener la calma, seguir las alertas oficiales y consultar fuentes confiables. Optar por una dieta equilibrada, limitar el consumo de ultraprocesados y priorizar alimentos frescos sigue siendo la estrategia más efectiva para proteger la salud familiar. La transparencia en los análisis y la comunicación clara de riesgos serán claves para evitar confusión y fortalecer la confianza pública.
Fuente: Fact Chequeado





