Las arepas dulces de anís rellenas de queso son una preparación tradicional de la gastronomía colombiana que también encuentra un lugar especial en la mesa venezolana.
Su combinación de masa de maíz, anís y queso crea un contraste entre el sabor dulce y el toque salado que las convierte en una opción ideal para el desayuno, la merienda o cualquier momento del día.
Leer más: Sorprendentes alimentos que transforman tu cuerpo
Esta receta destaca por su sencillez y por conservar una técnica tradicional que ha pasado de generación en generación. Uno de sus rasgos más característicos es el pequeño agujero que se realiza en el centro de cada arepa antes de freírla.
Más allá de su apariencia, este detalle tiene una función práctica, ya que facilita voltearlas durante la cocción, escurrir el exceso de aceite y, de manera tradicional, transportarlas ensartadas en palos de madera o varillas.
La base de la preparación es la harina de maíz blanco precocida, ingrediente esencial en la cocina de Colombia y Venezuela. A esta se le añade azúcar para aportar un ligero dulzor, mientras que el queso salado rallado equilibra el sabor con un toque intenso que caracteriza esta receta.

Arepas dulces
El anís en pepa es otro de los protagonistas. Antes de incorporarlo a la masa, se recomienda frotarlo entre las manos para activar sus aceites naturales y potenciar su aroma. Este paso permite que el sabor del anís se distribuya mejor en toda la preparación.
Una vez mezclados los ingredientes, la masa debe quedar suave, uniforme y sin grietas. Después de un breve reposo, se forman discos de aproximadamente un centímetro de grosor y se les realiza el tradicional orificio central.
Las arepas se cocinan en abundante aceite caliente, a una temperatura aproximada de entre 170 y 180 grados centígrados. El objetivo es que floten mientras se fríen y adquieran un exterior dorado y crocante sin perder una textura suave en su interior.
Tras la fritura, se dejan escurrir y, cuando aún conservan el calor, se rellenan con queso en tajadas o queso rallado. El calor de la arepa permite que el queso comience a fundirse ligeramente, aportando una textura aún más agradable.
La propuesta se completa con un acompañamiento tradicional: el suero costeño, cuyo sabor complementa el equilibrio entre el dulzor de la masa, el aroma del anís y la intensidad del queso.
Ingredientes
- 280 gramos de harina de maíz blanco precocida.
- 600 mililitros de agua tibia.
- 25 gramos de azúcar.
- 6 gramos de anís en pepa.
- 30 gramos de queso salado rallado.
- 100 gramos de queso en tajadas o rallado para el relleno.
- 750 mililitros de aceite para freír.
- 120 mililitros de suero costeño para acompañar.
Preparación
- Mezcla la harina de maíz blanco precocida con el azúcar hasta eliminar los grumos.
- Frota el anís entre tus manos para activar su aroma y agrégalo a la mezcla.
- Incorpora el queso salado rallado y añade el agua tibia poco a poco mientras amasas hasta obtener una masa suave y homogénea.
- Cubre la masa con un paño y déjala reposar para que la harina absorba bien el agua.
- Forma bolas con la masa y aplástalas hasta obtener discos de aproximadamente un centímetro de grosor.
- Haz un agujero en el centro de cada arepa.
- Calienta abundante aceite a fuego medio-alto hasta alcanzar entre 170 y 180 grados centígrados.
- Fríe las arepas por tandas durante tres o cuatro minutos por cada lado, hasta que estén doradas.
- Retíralas del aceite y déjalas escurrir.
- Mientras aún estén calientes, ábrelas ligeramente por el agujero o por un costado.
- Rellénalas con el queso en tajadas o con queso rallado.
- Sírvelas acompañadas con suero costeño.
Según la receta compartida por el chef Andrés Carvajal, el tiempo estimado de preparación es de 15 minutos, mientras que la cocción toma alrededor de 25 minutos. Con estas cantidades se obtienen seis porciones.
Se trata de una preparación que refleja la riqueza gastronómica colombiana y que también puede disfrutarse en Venezuela, donde las arepas forman parte de la identidad culinaria cotidiana. Su elaboración mantiene elementos tradicionales que resaltan la importancia de conservar las técnicas propias de la cocina popular.
Fuente: El Espectador





