Un nuevo análisis de sangre podría convertirse en una herramienta prometedora para estimar el riesgo de desarrollar enfermedad de Alzheimer años antes de que aparezcan los primeros síntomas.
Sin embargo, los especialistas advierten que su uso todavía requiere cautela y que, por ahora, no debe considerarse una prueba diagnóstica definitiva ni utilizarse de manera aislada.
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La investigación analizó el comportamiento de un biomarcador conocido como p-tau217, una proteína cuya presencia en niveles elevados en la sangre se relaciona con procesos biológicos asociados al alzhéimer.
Los resultados mostraron que los adultos mayores cognitivamente sanos con concentraciones altas de este marcador presentaron una probabilidad estimada un 38 % mayor de desarrollar signos tempranos de demencia en un periodo de cinco años.
Al extender el seguimiento a diez años, el riesgo aumentó hasta un 78 %, aunque en ese caso la evidencia fue menos sólida.

Análisis de sangre
Durante décadas, confirmar la presencia de enfermedad de Alzheimer ha requerido procedimientos costosos e invasivos, como tomografías por emisión de positrones (PET) o punciones lumbares.
En ese contexto, los análisis de sangre que miden la proteína p-tau217 representan una alternativa menos invasiva para detectar la acumulación de placas de beta-amiloide, uno de los principales procesos relacionados con la enfermedad.
Las placas de beta-amiloide pueden comenzar a acumularse en el cerebro varias décadas antes de que aparezcan problemas de memoria o deterioro cognitivo. Posteriormente, esa acumulación favorece la formación de ovillos de proteína tau dentro de las neuronas, lo que provoca su deterioro progresivo y la pérdida de comunicación entre las células cerebrales.
Aun así, los investigadores insisten en que la presencia de amiloide o de tau no significa necesariamente que una persona desarrollará demencia. No todas las personas con niveles elevados de estas proteínas experimentarán un deterioro cognitivo en el futuro.
Los especialistas consideran que el análisis de p-tau217 podría ayudar a identificar el momento en el que la acumulación de beta-amiloide comienza a desencadenar procesos más agresivos dentro del cerebro. Ese conocimiento permitiría comprender mejor el riesgo individual de cada paciente y facilitaría un seguimiento más preciso en los próximos años.
Pese a este potencial, los expertos coinciden en que la prueba no debe utilizarse como único criterio para evaluar el riesgo de alzhéimer. Existen diversos factores que pueden influir en los resultados, como algunas enfermedades temporales o problemas de salud que podrían generar resultados poco representativos.
Por esa razón, recomiendan interpretar el análisis junto con otras evaluaciones médicas, entre ellas pruebas cognitivas, estudios clínicos y la exclusión de otras posibles causas del deterioro mental. De esta manera, el resultado adquiere un contexto mucho más confiable para orientar las decisiones médicas.
Además de apoyar el diagnóstico, algunos especialistas consideran que estos análisis podrían servir para monitorear la respuesta de los pacientes a tratamientos y cambios en el estilo de vida.
Entre las estrategias que actualmente se investigan figuran la alimentación saludable, la actividad física, el descanso adecuado, la participación social y el control de factores como el colesterol o la resistencia a la insulina.
Diversas investigaciones también han señalado que hasta un 45 % de los casos de demencia podrían prevenirse mediante intervenciones relacionadas con el estilo de vida, como mantener una alimentación equilibrada, realizar ejercicio regularmente, estimular las funciones cognitivas, fortalecer la vida social y controlar los factores de riesgo vasculares y metabólicos.
El estudio fue elaborado a partir del análisis conjunto de seis investigaciones observacionales y ensayos clínicos realizados en Australia, Norteamérica y Japón.
En total participaron cerca de 2,700 adultos mayores sin síntomas de deterioro cognitivo, quienes fueron sometidos tanto a análisis de sangre como a estudios cerebrales y posteriormente monitoreados durante periodos de hasta 21 años.
Los resultados mostraron que las personas con niveles más elevados de p-tau217 presentaron un mayor riesgo de deterioro cognitivo con el paso del tiempo.
Además, la utilidad del biomarcador se mantuvo independientemente de otros factores, como la presencia de la variante genética APOE4, considerada uno de los principales factores hereditarios asociados al desarrollo del alzhéimer.
Otro estudio presentado durante la Conferencia Internacional de la Asociación del Alzheimer evaluó el uso de esta prueba en aproximadamente 1,300 pacientes con signos de demencia.
Allí se observó que los médicos de atención primaria modificaron el diagnóstico inicial en el 30 % de los casos tras conocer los resultados del análisis, mientras que los especialistas en demencia cambiaron su diagnóstico en cerca del 20 % de los pacientes y mostraron mayor disposición a establecer un diagnóstico de alzhéimer cuando la prueba resultaba positiva.
Aunque los avances generan expectativas, los investigadores subrayan que todavía son necesarios estudios de mayor escala y con poblaciones más diversas para confirmar el verdadero alcance de esta herramienta.
Por ello, actualmente no se recomienda que las personas cognitivamente sanas soliciten este análisis de sangre de manera rutinaria, aunque los especialistas consideran que, en un futuro cercano, podría convertirse en un recurso importante para evaluar el riesgo individual de desarrollar enfermedad de Alzheimer.
Fuente: CNN





