Sorprendentes alimentos que transforman tu cuerpo
julio 13, 2026
By: Carlos Graterol

Lo que comemos no solo aporta energía y nutrientes al organismo. Algunos alimentos también pueden provocar cambios inesperados en la piel, el aliento, el sudor, la orina o las heces, efectos que, aunque suelen ser inofensivos, pueden sorprender e incluso generar preocupación.

Detrás de estos fenómenos existen explicaciones científicas relacionadas con la forma en que el cuerpo absorbe, transforma y elimina determinados compuestos presentes en los alimentos.

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Uno de los casos más conocidos es el de los vegetales ricos en betacaroteno, como la zanahoria, la calabaza y el boniato. Este pigmento, precursor de la vitamina A, es responsable de su característico color naranja.

Tras su consumo, una parte del betacaroteno se convierte en vitamina A y se almacena en el hígado y el tejido graso, mientras que otra permanece intacta y llega hasta la piel.

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Cuando el consumo de estos alimentos es elevado y sostenido en el tiempo, el pigmento puede acumularse en el estrato córneo, especialmente en las palmas de las manos y las plantas de los pies, provocando una coloración anaranjada conocida como carotenodermia.

Este fenómeno ha alimentado durante años el mito de que comer zanahorias ayuda a broncearse, aunque en realidad el tono que adquiere la piel se debe al depósito del pigmento y no a un aumento de la melanina.

El betacaroteno también está presente en algunos complementos alimenticios comercializados para acelerar el bronceado. Sin embargo, la evidencia científica no respalda que estos productos permitan conseguir un bronceado más rápido, incluso cuando incluyen otros ingredientes como la L-tirosina.

Los olores también pueden revelar lo que una persona ha comido. El ajo y la cebolla contienen compuestos sulfurados que, al cortar o masticar estos alimentos, generan sustancias volátiles responsables de su característico aroma.

Aunque cepillarse los dientes elimina parte del olor que permanece en la boca, algunos de estos compuestos son absorbidos por el organismo, pasan al torrente sanguíneo y llegan hasta los pulmones y las glándulas sudoríparas, desde donde continúan liberándose durante varias horas.

Algo similar ocurre con el alcohol. Una parte del etanol no se metaboliza y se elimina mediante la respiración y el sudor. Además, determinadas bebidas alcohólicas conservan compuestos aromáticos propios que también pueden percibirse posteriormente.

El aliento también puede reflejar cambios en la alimentación. Las personas que siguen una dieta cetogénica pueden desarrollar un olor afrutado debido a la producción de cuerpos cetónicos cuando el organismo utiliza la grasa como fuente principal de energía.

Uno de estos compuestos, la acetona, es muy volátil y pasa fácilmente de la sangre a los pulmones, donde se elimina con el aire espirado.

Este fenómeno es diferente del mal aliento que aparece tras varias horas sin comer. En ese caso intervienen principalmente las bacterias presentes en la boca, que producen compuestos sulfurados, junto con una menor producción de saliva.

Los alimentos también pueden modificar el aspecto de la orina y las heces. La remolacha contiene pigmentos llamados betalaínas, especialmente betanina, que en algunas personas sobreviven parcialmente al proceso digestivo.

Parte de estas moléculas puede absorberse y eliminarse por la orina, provocando una coloración rojiza conocida como beeturia, mientras que otra parte atraviesa el intestino y tiñe las heces.

El carbón activado, por su parte, puede oscurecer notablemente las deposiciones, al igual que algunos medicamentos con hierro utilizados para tratar la anemia ferropénica.

La riboflavina o vitamina B2 también produce un efecto llamativo cuando se consume en grandes cantidades mediante suplementos alimenticios. Al tratarse de una vitamina hidrosoluble, el exceso se elimina por la orina, que adquiere un intenso color amarillo fluorescente.

Otro alimento famoso por sus efectos es el espárrago verde. Contiene ácido asparagúsico, una molécula rica en azufre que, tras metabolizarse, genera compuestos volátiles eliminados por la orina. Debido a su elevada intensidad aromática, muchas personas perciben rápidamente ese característico olor después de consumir espárragos.

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No obstante, estos efectos no aparecen igual en todas las personas. Factores como la genética, la microbiota intestinal, la función hepática, la sensibilidad olfativa, la edad o incluso el tabaquismo influyen tanto en la producción de estos compuestos como en la capacidad para percibirlos.

Aunque muchos de estos cambios son completamente normales y transitorios, cualquier alteración persistente o la presencia de sangre en la orina o las heces debe ser valorada por un profesional sanitario. En numerosas ocasiones, sin embargo, la explicación puede encontrarse simplemente en lo que se consumió durante las últimas horas.

Fuente: El País

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