Estados Unidos anunció una nueva salva de sanciones contra Cuba, dirigida principalmente contra nueve entidades vinculadas con sectores considerados estratégicos para la economía de la isla.
La medida, comunicada el jueves 20 de agosto de 2026, amplía la presión de Washington sobre el Gobierno cubano y se suma a otras acciones adoptadas durante la administración del presidente Donald Trump.
Leer más: Colombia: más de 50 casos de supuesta corrupción salpican a Gustavo Petro
Entre las entidades sancionadas figura el Ministerio de la Construcción. De acuerdo con el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, las organizaciones afectadas están principalmente relacionadas con los sectores minero y metalúrgico y, según la posición de Washington, ejercen control sobre áreas económicas clave que contribuyen al funcionamiento del aparato estatal cubano.
La nueva medida se produce en un contexto de creciente presión económica y política entre ambos países. Estados Unidos mantiene desde enero un bloqueo petrolero de facto sobre Cuba, una política que, según la información proporcionada, ha agravado la crisis energética que atraviesa la isla y ha contribuido a prolongados cortes de electricidad.

Sanciones sobre Cuba
Las nuevas sanciones se concentran en entidades que Estados Unidos considera vinculadas con estructuras económicas y políticas del Gobierno cubano. La decisión forma parte de una estrategia de máxima presión impulsada por la administración Trump y coloca nuevamente a sectores estratégicos de la economía de la isla en el centro de la política estadounidense.
Rubio también anunció medidas contra dirigentes del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos, conocido como ICAP. Washington acusa a esta institución de financiar una red en Estados Unidos destinada a identificar, reclutar y radicalizar personas que, según las autoridades estadounidenses, operarían bajo actividades relacionadas principalmente con intercambios educativos o culturales.
La Administración estadounidense vinculó además estas actividades con la llegada a La Habana de una nueva brigada de simpatizantes internacionales. Según Rubio, el grupo habría viajado a Cuba para establecer contactos con representantes del Gobierno de la isla durante actividades relacionadas con el centenario de Fidel Castro.
Las acusaciones forman parte de la justificación utilizada por Washington para ampliar las medidas contra instituciones cubanas y personas vinculadas con ellas.
Cuba cuestiona el impacto de las sanciones
La respuesta del Gobierno cubano llegó a través del canciller Bruno Rodríguez, quien cuestionó las nuevas medidas estadounidenses y sostuvo que su propósito es afectar directamente a la economía de la isla.
Rodríguez señaló que las sanciones contra empresas cubanas buscan dificultar la capacidad del Gobierno para garantizar servicios básicos a la población. La reacción refleja la posición de La Habana frente a una política estadounidense que considera dirigida contra sectores económicos fundamentales.
El nuevo paquete de medidas se suma a las sanciones adoptadas previamente contra Gaesa, conglomerado controlado por los militares y fundado por Raúl Castro en 1995. Esta estructura constituye uno de los principales objetivos de la política estadounidense hacia Cuba.
Una política marcada por la máxima presión
Marco Rubio, cuyos padres son de origen cubano, es considerado una de las figuras centrales en el diseño de la política de máxima presión aplicada por la Administración Trump contra el Gobierno de la isla.
Las nuevas sanciones llegan mientras Cuba enfrenta una situación energética complicada. El bloqueo petrolero de facto impuesto por Estados Unidos desde enero ha coincidido con una crisis que ya existía en el sistema energético cubano y que se manifiesta en frecuentes interrupciones del servicio eléctrico.
Con la incorporación de nueve nuevas entidades a las medidas estadounidenses y las acciones anunciadas contra dirigentes del ICAP, Washington mantiene una estrategia enfocada en aumentar la presión sobre las estructuras económicas y políticas cubanas.
La decisión representa así un nuevo capítulo en la relación entre Estados Unidos y Cuba, marcada por sanciones, restricciones económicas y acusaciones cruzadas. Para Washington, las medidas buscan limitar estructuras que considera vinculadas con el aparato estatal y su capacidad de influencia. Para La Habana, el efecto de estas acciones se traduce en mayores dificultades económicas y en obstáculos adicionales para atender las necesidades de la población.
Fuente: inSouth Magazine con información de redes sociales





