El apodo “cigarra” hace referencia precisamente a este patrón de desaparición y reaparición, similar al ciclo de este insecto. La variante fue detectada por primera vez en noviembre de 2024 en un niño en Sudáfrica, mostrando una diferencia significativa respecto a su versión original, con decenas de mutaciones acumuladas.
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Una nueva variante del virus que causa el COVID-19, conocida como BA.3.2 y apodada “cigarra”, ha comenzado a captar la atención de la comunidad científica por su comportamiento inusual.
Aunque por ahora no parece provocar enfermedades más graves ni en niños ni en adultos, sí muestra una característica distinta: su capacidad de afectar con mayor frecuencia a la población infantil.

Nueva variante “cigarra”
Los expertos señalan que este cambio en el patrón de contagio representa un elemento relevante para comprender la evolución del virus.
A diferencia de etapas anteriores de la pandemia, en las que el mayor riesgo recaía en adultos mayores, esta variante parece dirigirse con más facilidad a niños entre los 3 y 15 años, lo que abre nuevas interrogantes sobre su comportamiento y posibles impactos futuros.
Actualmente, el covid-19 circula en niveles bajos, especialmente en Estados Unidos, donde esta variante ha comenzado a detectarse como una rama latente del linaje ómicron.
Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la BA.3.2 ha sido identificada en 23 países y en aguas residuales de 25 estados, aunque su alcance real podría ser mayor debido a la disminución en las pruebas diagnósticas.
A pesar de su amplia cantidad de mutaciones, los especialistas coinciden en que la variante “cigarra” no ha demostrado un impacto significativo en términos de hospitalizaciones o mortalidad.
De hecho, algunos científicos consideran que su comportamiento ha sido moderado, sin generar grandes olas de contagio a nivel global.
Uno de los aspectos más llamativos de esta variante es su origen y evolución. Se cree que proviene de una línea del virus que permaneció prácticamente inactiva durante un tiempo prolongado.
Según los investigadores, esta rama pudo haber persistido en una infección crónica en una sola persona durante años, lo que permitió al virus acumular múltiples cambios genéticos antes de reaparecer.
El apodo “cigarra” hace referencia precisamente a este patrón de desaparición y reaparición, similar al ciclo de este insecto. La variante fue detectada por primera vez en noviembre de 2024 en un niño en Sudáfrica, mostrando una diferencia significativa respecto a su versión original, con decenas de mutaciones acumuladas.
Sin embargo, estas mutaciones no necesariamente la hacen más peligrosa. Por el contrario, algunos expertos explican que, en el proceso de evolución, la variante habría perdido parte de su capacidad para unirse con fuerza a las células humanas, lo que limita su potencial de propagación masiva.
Otro punto relevante es que las vacunas actuales continúan ofreciendo cierto nivel de protección frente a esta variante.
Estudios recientes sugieren que, aunque los anticuerpos generados por las vacunas no neutralizan todas las variantes de la misma forma, sí logran responder de manera efectiva ante la BA.3.2, lo que podría explicar por qué no ha alcanzado una transmisión global dominante.

En cuanto a su mayor incidencia en niños, existen varias teorías. Una de ellas apunta a que los menores cuentan con una menor exposición previa al virus, lo que implica una respuesta inmunológica menos desarrollada en comparación con los adultos.
Además, el entorno escolar y social en el que se desenvuelven facilita la propagación de enfermedades respiratorias.
Otra hipótesis sugiere que ciertas características genéticas de la variante podrían influir en su capacidad para evadir el sistema inmunológico en edades más tempranas. Sin embargo, los científicos coinciden en que aún es necesario profundizar en estas investigaciones para entender completamente el fenómeno.
Por ahora, la recomendación principal es mantener la vigilancia sobre esta variante y su evolución. Aunque no representa una amenaza inmediata, su comportamiento ofrece pistas clave sobre cómo el virus continúa adaptándose. En ese sentido, el seguimiento constante y el análisis científico serán fundamentales para anticipar posibles cambios y responder de manera adecuada ante futuros escenarios.
Fuente: CNN





