Aunque los resultados son prometedores, los científicos advierten que se necesitan más estudios para comprender con precisión la seguridad, la absorción y la eficacia de las antocianinas en humanos. Aun así, el trabajo aporta evidencia sólida de que ciertos compuestos naturales presentes en alimentos cotidianos podrían desempeñar un papel relevante en futuras estrategias contra el cáncer de mama triple negativo.
Leer más: Guía para dejar de morderse las uñas
Un grupo de investigadores de Texas A&M University identificó que compuestos naturales presentes en las cerezas dulces oscuras podrían ayudar a frenar el crecimiento y la propagación de uno de los tipos más agresivos de cáncer de mama: el cáncer de mama triple negativo.
El hallazgo abre una nueva línea de estudio sobre el papel de ciertos componentes de la dieta como aliados complementarios en tratamientos oncológicos.

Compuestos
El estudio se centró en las antocianinas, pigmentos vegetales responsables del color rojo intenso de frutas como las cerezas oscuras.
Estos compuestos ya eran conocidos por sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, pero ahora muestran un potencial adicional frente a tumores de alta agresividad.
El cáncer de mama triple negativo se considera uno de los más difíciles de tratar. A diferencia de otros subtipos, no presenta receptores de estrógeno ni de progesterona, tampoco expresa la proteína HER2, que suele ser un blanco terapéutico en otros casos.
Esa ausencia limita las opciones de tratamiento y aumenta el riesgo de metástasis, especialmente hacia pulmones y cerebro.
La investigación, desarrollada por especialistas del College of Agriculture and Life Sciences, Texas A&M AgriLife Research y el College of Veterinary Medicine and Biomedical Sciences, analizó no solo el tamaño del tumor, sino también su capacidad de diseminarse a otros órganos.
Esta aproximación resulta clave, ya que la mayoría de las muertes por cáncer se producen debido a la metástasis y no por el tumor primario en sí.
Para evaluar los efectos de las antocianinas, los científicos dividieron a los modelos animales en cuatro grupos: uno de control, otro que recibió antocianinas antes de la implantación tumoral, un tercero tratado con el fármaco quimioterapéutico doxorrubicina tras el desarrollo del tumor y un cuarto que combinó ambos enfoques.
Los resultados fueron reveladores. Los animales que recibieron extractos ricos en antocianinas antes de la implantación del tumor presentaron un crecimiento tumoral más lento y no mostraron efectos secundarios evidentes.
Además, mantuvieron un aumento de peso sostenido durante el período de estudio, un indicador relevante de bienestar general.
En contraste, aquellos tratados únicamente con quimioterapia experimentaron pérdida de peso en algunos casos, y la reducción del crecimiento tumoral se observó en etapas más tardías.
Sin embargo, cuando se combinaron antocianinas con quimioterapia, el freno al crecimiento apareció antes y los animales conservaron mejor su peso corporal.
Más allá de los cambios físicos, el equipo examinó la expresión génica en los tumores. Este análisis permitió identificar qué genes se activaban o desactivaban tras el tratamiento.
Se observó que las antocianinas redujeron la actividad de genes vinculados con la metástasis y con la resistencia a la terapia, un fenómeno que ocurre cuando las células cancerígenas se adaptan para sobrevivir pese a los tratamientos.
Asimismo, el tratamiento con antocianinas disminuyó la propagación del cáncer hacia los pulmones y redujo la probabilidad de diseminación hacia órganos como hígado, corazón, riñones y bazo.
Aunque el número y tamaño de los tumores variaron entre individuos, la tendencia general mostró un efecto protector.

El análisis histológico, es decir, el estudio microscópico de tejidos, aportó información adicional. Los especialistas evaluaron la velocidad de división celular, conocida como índice mitótico, así como la infiltración de células cancerígenas en distintos órganos.
También examinaron la presencia de linfocitos T, células clave del sistema inmunológico encargadas de reconocer y destruir células anormales. Estos parámetros ayudaron a comprender mejor cómo los cambios moleculares se traducían en efectos estructurales y funcionales.
Los investigadores subrayan que ningún tratamiento por sí solo suele ser suficiente frente a un cáncer agresivo. En ese contexto, compuestos derivados de la dieta podrían ofrecer estrategias complementarias que actúen sobre procesos que no siempre son abordados por las terapias estándar.
Aunque los resultados son prometedores, los científicos advierten que se necesitan más estudios para comprender con precisión la seguridad, la absorción y la eficacia de las antocianinas en humanos. Aun así, el trabajo aporta evidencia sólida de que ciertos compuestos naturales presentes en alimentos cotidianos podrían desempeñar un papel relevante en futuras estrategias contra el cáncer de mama triple negativo.
Fuente: nota especial





