Con el espacio aéreo parcialmente cerrado en varios países y fuerzas militares reforzando fronteras en Israel, el conflicto entra en una fase crítica. La incógnita central es si la escalada se mantendrá en intercambios limitados o si derivará en una confrontación prolongada con consecuencias globales en seguridad, energía y estabilidad política.
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La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán ha abierto un nuevo capítulo de máxima tensión en Medio Oriente.
A las 09:36 a. m. de este 28 de febrero de 2026, fuentes oficiales confirmaron que la operación militar seguirá durante varios días, mientras Teherán ejecuta represalias que ya impactan en múltiples países del Golfo y en territorio israelí.

EE. UU. e Israel atacan
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, describió la campaña como “masiva y continua” y advirtió que podrían registrarse pérdidas de vidas estadounidenses.
En un mensaje difundido por video, instó a los iraníes a “tomar el control de su Gobierno” una vez concluyan las acciones militares.
Paralelamente, la Agencia Estadounidense para los Medios Globales aseguró que amplió la señal en persa de la Voz de América para transmitir el mensaje presidencial vía satélite dentro de Irán, en un intento de sortear eventuales apagones de internet.
La ofensiva, denominada por Israel operación “León rugiente”, fue anunciada por el primer ministro Benjamin Netanyahu, quien afirmó que el objetivo es neutralizar amenazas estratégicas y militares.
Aunque un funcionario israelí subrayó que no se trata formalmente de una misión de cambio de régimen, Trump sí ha planteado públicamente esa posibilidad.
En el terreno, los bombardeos alcanzaron objetivos en Teherán y otras ciudades como Isfahán, Qom y Tabriz. Imágenes satelitales mostraron columnas de humo sobre el complejo del líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, símbolo del poder político y religioso iraní.
Medios estatales indicaron que altos funcionarios se encuentran a salvo, aunque reportaron la muerte de decenas de estudiantes tras un ataque contra una escuela en el sur del país. Estas versiones no han podido ser verificadas de manera independiente.
La respuesta iraní fue inmediata y de gran magnitud. El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica aseguró haber lanzado decenas de misiles balísticos contra Israel y contra bases militares estadounidenses en Qatar, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Iraq y Bahréin.
En este último país, un video geolocalizado mostró el impacto de un misil cerca de una base de la Marina de Estados Unidos. En Qatar y Kuwait, las autoridades afirmaron que los proyectiles fueron interceptados con éxito.
Equipos de prensa reportaron explosiones en Jerusalén, Tel Aviv y Dubái. En Emiratos Árabes Unidos, restos de misiles interceptados cayeron en una zona residencial, causando la muerte de un civil, según la agencia oficial emiratí.
Los principales aeropuertos de Dubái suspendieron todas sus operaciones hasta nuevo aviso, mientras aerolíneas internacionales como Lufthansa, British Airways, Air France y Turkish Airlines cancelaron o desviaron vuelos hacia la región.
La rápida represalia iraní ha puesto a prueba los sistemas de defensa desplegados por Washington en Medio Oriente. Analistas militares estiman que Irán posee entre 2,000 y 3,000 misiles operativos, aunque con menor cantidad de lanzadores tras ataques previos.
La velocidad de la respuesta sugiere que Teherán se preparaba para un escenario de confrontación directa.
En Washington, el debate político se intensifica. El senador demócrata Andy Kim pidió el regreso inmediato del Congreso para votar una resolución que limite los poderes de guerra del presidente.
Tim Kaine calificó los ataques de “peligrosos e innecesarios”, mientras legisladores republicanos como Lindsey Graham respaldaron la operación.

La reacción internacional refleja un panorama dividido. La Unión Europea expresó profunda preocupación y llamó a la moderación.
Francia, España y Suiza advirtieron sobre los riesgos de una escalada mayor, mientras Canadá y Australia respaldaron la acción estadounidense para frenar el programa nuclear iraní. Rusia denunció una nueva agresión que podría desestabilizar gravemente la región. Japón alertó sobre el impacto en la seguridad energética global.
Horas antes de los ataques, el ministro de Asuntos Exteriores de Omán afirmó que un acuerdo nuclear estaba “al alcance” tras avances significativos en negociaciones indirectas. La ofensiva militar truncó ese proceso diplomático.
Con el espacio aéreo parcialmente cerrado en varios países y fuerzas militares reforzando fronteras en Israel, el conflicto entra en una fase crítica. La incógnita central es si la escalada se mantendrá en intercambios limitados o si derivará en una confrontación prolongada con consecuencias globales en seguridad, energía y estabilidad política.
Fuente: CNN





