Al final, el mensaje no es prohibitivo, sino simbólico. Se trata de proteger lo que recién empieza, de no “desprenderse” metafóricamente de la fortuna cuando todavía está aterrizando. En un mundo acelerado, detenerse a observar el significado detrás de un gesto tan simple como lavar el cabello invita a reflexionar sobre la importancia de los rituales, como este del Año Nuevo Chino.
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Cada 17 de febrero, cuando comienza el Año Nuevo Chino, resurgen advertencias que parecen salidas de un manual místico de belleza: no te laves el cabello el primer día si no quieres “arrastrar” la buena suerte.
En 2026, el calendario lunar marca el inicio del Año del Caballo, y con él regresan rituales que combinan simbolismo, tradición y juego lingüístico.

Año Nuevo Chino y tu cabello
Lejos de tratarse de una norma científica o dermatológica, esta costumbre forma parte de la celebración más importante del calendario chino. El Año Nuevo no solo inaugura un ciclo lunar, también representa renovación, limpieza espiritual y la intención de atraer prosperidad, salud y abundancia.
La clave para entender esta tradición está en el lenguaje. En mandarín, la palabra “fa” puede significar cabello, pero también forma parte de la expresión “fa cai”, asociada a prosperidad y riqueza.
Por esa similitud fonética, lavar el cabello el primer día del año podría interpretarse simbólicamente como “lavar” la fortuna recién llegada. El gesto cotidiano adquiere entonces un significado mucho más profundo.
Curiosamente, la recomendación no implica descuidar la higiene. Todo lo contrario. En los días previos a la celebración, muchas familias realizan una limpieza exhaustiva del hogar y también se lavan el cabello.
El objetivo es cerrar el ciclo anterior eliminando lo viejo, las energías acumuladas y cualquier rastro de mala fortuna. Así, el nuevo año comienza con una sensación de pureza total.
Lo que se evita es limpiar el mismo día en que la buena suerte “entra” al hogar. La tradición sostiene que cualquier acción que simbolice eliminar o descartar podría afectar la prosperidad.
Por eso, además de no lavarse el cabello, algunas personas prefieren no barrer ni sacar la basura durante la jornada inaugural.
Este tipo de prácticas no se entienden desde la lógica occidental de causa y efecto, sino desde el valor cultural del símbolo. Las palabras, los sonidos y los gestos cotidianos adquieren un poder ritual. En ese contexto, el cabello deja de ser solo una cuestión estética y se convierte en metáfora de abundancia.
El Año Nuevo Chino de 2026 se extiende hasta principios de marzo y está regido por la energía del Caballo, asociado a dinamismo, pasión y avance.
Es un momento ideal para plantearse metas ambiciosas y apostar por nuevos proyectos. Dentro de ese marco de renovación, mantener intacta la “prosperidad” durante el primer día cobra un sentido emocional más que literal.
También existen otras recomendaciones tradicionales: evitar discutir, no usar palabras relacionadas con desgracias y priorizar reuniones familiares. Todo apunta a iniciar el ciclo en armonía. El énfasis está puesto en la intención colectiva de comenzar con buena energía.

Desde una mirada lifestyle, este ritual ofrece una oportunidad interesante. Más allá de creer o no en la superstición, respetar tradiciones ajenas implica reconocer el valor cultural que tienen para millones de personas.
Además, tomarse un día sin lavar el cabello no compromete la salud capilar y puede convertirse en una pausa consciente dentro de la rutina.
Al final, el mensaje no es prohibitivo, sino simbólico. Se trata de proteger lo que recién empieza, de no “desprenderse” metafóricamente de la fortuna cuando todavía está aterrizando. En un mundo acelerado, detenerse a observar el significado detrás de un gesto tan simple como lavar el cabello invita a reflexionar sobre la importancia de los rituales, como este del Año Nuevo Chino.
Si decides esperar 24 horas antes de usar champú, lo harás más por respeto cultural que por temor. Y si eliges no seguir la tradición, tampoco pasará nada extraordinario. Lo esencial es comprender que detrás de esta costumbre hay siglos de historia, un juego lingüístico fascinante y el deseo universal de comenzar el año con esperanza y prosperidad intactas.
Fuente: El Periódico





