Cuando se menciona el sarampión, la mayoría de las personas piensa en una enfermedad infantil acompañada de fiebre alta y una erupción rojiza que comienza en el rostro y se extiende por el resto del cuerpo.
Aunque estos síntomas son los más visibles, esta afección es mucho más que una infección viral. En los últimos años, la ciencia ha puesto su atención en una consecuencia menos conocida pero potencialmente peligrosa llamada amnesia inmunológica.
Leer más: Dopamina: la fuerza invisible que moldea nuestras decisiones
El sistema inmunológico funciona como una biblioteca de recuerdos. Cada vez que una persona se infecta o se vacuna, su cuerpo aprende a reconocer a ese agente invasor.
Este aprendizaje queda almacenado en células especializadas, conocidas como células de memoria, principalmente las células B y T. Gracias a ellas, si el organismo vuelve a encontrarse con el mismo virus o bacteria, puede defenderse de manera rápida y eficaz.
No obstante, según el pediatra Arthur Lavin, el sarampión borra esa memoria en los pacientes.

Sarampión y la memoria inmunológica
De acuerdo con Lavin, el problema con el sarampión es que no solo provoca los síntomas clásicos, sino que también ataca directamente a las células de memoria. En otras palabras, puede borrar parte de los “recuerdos” que el sistema inmunológico había acumulado a lo largo de la vida.
Esto significa que, después de superar el sarampión, una persona puede quedar vulnerable a infecciones que antes no representaban un peligro.
Enfermedades comunes como la varicela, la neumonía o infecciones bacterianas pueden reaparecer, como si el cuerpo nunca las hubiera enfrentado antes.
Diversos estudios han demostrado que el sarampión, podría eliminar una proporción significativa de los anticuerpos que protegen al organismo contra otras enfermedades.
En algunos casos, esta pérdida puede ser moderada, pero en otros puede llegar a ser muy amplia, dejando al sistema inmunológico prácticamente desarmado.

Este efecto no es inmediato ni pasajero. Algunas investigaciones refieren que la recuperación completa de la memoria inmunológica puede tardar entre dos y tres años.
Durante ese tiempo, la persona infectada corre un mayor riesgo de enfermarse con mayor frecuencia y de sufrir complicaciones más graves.
De hecho, análisis históricos de la época en la que el sarampión era endémico muestran que muchas muertes infantiles no se producían directamente por el virus, sino por infecciones que aparecían después. El sarampión dejaba al organismo tan debilitado que cualquier otra enfermedad podía resultar mortal.
Protección
Actualmente, la enfermedad se propaga con rapidez en Carolina del Sur y para el 30 de enero los casos llegaron a 847, según el Departamento de Salud Pública del estado.
Esta cifra superó los 803 casos reportados en un brote en Texas en 2025, convirtiendo al de Carolina del Sur en el peor brote de sarampión del país.
Lavin recordó que la forma más eficaz de prevenir esta enfermedad y sus consecuencias es la vacunación. La vacuna triple vírica, que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola, ha demostrado ser altamente efectiva y segura.

Con una sola dosis, la protección contra la enfermedad alcanza aproximadamente el 93 %. Al completar el esquema de dos dosis, la eficacia aumenta hasta alrededor del 97 %.
Además de prevenir la enfermedad, la vacuna protege indirectamente al sistema inmunológico, evitando la amnesia inmunológica y sus efectos a largo plazo.
La vacunación no solo protege a quien la recibe, sino también a las personas más vulnerables, como bebés, adultos mayores y personas con sistemas inmunitarios debilitados.
“Esta no es una enfermedad inofensiva. Sus efectos pueden ser duraderos y afectar la capacidad del cuerpo para defenderse de múltiples enfermedades. Por lo que el llamado es a la prevención e inmunización a tiempo para evitar complicaciones futuras”, concluyó el pediatra Lavin.
Fuente: SC Daily Gazette





