Desde la OMS, su director general describió la retirada estadounidense como una situación de perder y perder, al considerar que perjudica tanto a Estados Unidos como al resto del mundo. Mientras el Gobierno promete anunciar en los próximos meses una nueva estrategia de salud global, la comunidad internacional observa con preocupación el impacto que esta decisión tendrá en la preparación frente a la próxima crisis sanitaria global.
Leer más: España vive momento crítico en sector de salud mental
Estados Unidos completó oficialmente su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), una decisión confirmada por el Departamento de Salud y Servicios Humanos que marca un punto de quiebre en la política sanitaria internacional del país.
Con este paso, el Gobierno del presidente Donald Trump concreta uno de los objetivos más polémicos de su agenda y redefine la relación de Estados Unidos con los organismos multilaterales de salud.

OMS
El proceso se activó desde el primer día del segundo mandato de Trump, cuando firmó un decreto para abandonar la OMS.
La legislación estadounidense exige un aviso formal de un año y el pago de todas las cuotas pendientes antes de concretar la salida.
Según expertos legales, Estados Unidos aún adeuda alrededor de 260 millones de dólares a la organización, un monto que, de acuerdo con analistas, probablemente no será cancelado.
La OMS carece de mecanismos para obligar al país a cumplir con ese pago, lo que deja el retiro en una zona gris desde el punto de vista financiero.
El Gobierno estadounidense anunció que canceló todo el financiamiento federal destinado a la OMS y retiró a su personal y contratistas integrados en la organización.
Además, cesó la participación oficial del país en comités, órganos de liderazgo, estructuras de gobernanza y grupos técnicos de trabajo patrocinados por la OMS.
Con estas acciones, Estados Unidos rompe de forma casi total su vínculo operativo con la institución.
Funcionarios de la administración defendieron la medida al señalar que el país no obtenía beneficios proporcionales a su inversión.
Durante una llamada con periodistas, un alto funcionario afirmó que la OMS actuó en contra de los intereses estadounidenses y falló en su rol durante la pandemia de covid-19.
Entre las críticas, el Gobierno mencionó la tardanza en declarar una emergencia de salud pública global, la evaluación inicial de la respuesta de China y la demora en reconocer la transmisión aérea del virus, así como el contagio por personas asintomáticas.
El HHS sostuvo que esta decisión libera a Estados Unidos de políticas de salud condicionadas por actores extranjeros sin rendición de cuentas. Aun así, la administración aseguró que el país mantendrá un papel de liderazgo en la salud global.
Los funcionarios adelantaron que Estados Unidos continuará colaborando con otros países en vigilancia epidemiológica e intercambio de datos, a través de acuerdos bilaterales, organizaciones no gubernamentales y grupos religiosos.
Ese esfuerzo estaría encabezado por el Centro de Salud Global de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades.
Pese a estas garantías, numerosos expertos cuestionaron la viabilidad de una estrategia fragmentada. Exfuncionarios de los CDC advirtieron que los acuerdos individuales no pueden reemplazar la capacidad de coordinación y vigilancia que ofrece la OMS, especialmente en un contexto de recursos limitados y cobertura desigual.
Recordaron que los CDC cuentan con personal en alrededor de 60 países, una presencia insuficiente para enfrentar amenazas globales sin una estructura centralizada.

Las reacciones críticas también llegaron desde la comunidad científica. Especialistas en enfermedades infecciosas alertaron que la salida de Estados Unidos debilita la cooperación internacional y aumenta el riesgo de brotes descontrolados.
Subrayaron que los patógenos no reconocen fronteras y que la prevención efectiva depende del acceso rápido a datos epidemiológicos, muestras de virus y secuenciación genómica.
Académicos y líderes en salud pública coincidieron en que la decisión tendrá consecuencias a largo plazo.
Advirtieron que Estados Unidos perderá acceso temprano a información clave para desarrollar vacunas y tratamientos, y que su capacidad para anticipar y contener futuras pandemias se verá seriamente reducida.
Algunos calificaron la salida como un error histórico que afecta tanto la seguridad nacional como la salud de la población mundial.
Desde la OMS, su director general describió la retirada estadounidense como una situación de perder y perder, al considerar que perjudica tanto a Estados Unidos como al resto del mundo. Mientras el Gobierno promete anunciar en los próximos meses una nueva estrategia de salud global, la comunidad internacional observa con preocupación el impacto que esta decisión tendrá en la preparación frente a la próxima crisis sanitaria global.
Fuente: CNN





