Mientras tanto, organizaciones humanitarias y expertos advierten que los recortes acumulados ya generan consecuencias visibles, como escasez de alimentos, interrupción de servicios de salud y mayor vulnerabilidad para millones de personas. El nuevo compromiso financiero abre una etapa de transición que definirá el alcance real de la ayuda internacional en los próximos años y el papel que Estados Unidos desea desempeñar dentro de la ONU.
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Estados Unidos anunció un compromiso de 2,000 millones de dólares para financiar programas de ayuda humanitaria de las Naciones Unidas, en un momento marcado por fuertes recortes a la asistencia exterior y una reconfiguración profunda del rol estadounidense dentro del sistema internacional.
La decisión llega mientras el gobierno de Donald Trump impulsa una estrategia de consolidación y control del gasto, con exigencias directas a las agencias de la ONU para que reduzcan estructuras, eliminen duplicaciones y ajusten sus operaciones a un nuevo escenario financiero.

ONU
El anuncio se realizó a finales de diciembre y establece la creación de un fondo paraguas administrado a través de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU, conocida como OCHA.
Desde allí, los recursos se redistribuirán hacia distintas agencias y crisis específicas, en lugar de entregarse mediante múltiples aportes individuales, como ocurrió en años anteriores. Washington considera este mecanismo más eficiente y alineado con sus prioridades de política exterior.
Aunque la cifra anunciada resulta significativa, representa solo una fracción del apoyo histórico de Estados Unidos a la ayuda humanitaria de la ONU.
En años recientes, los aportes estadounidenses alcanzaron hasta 17,000 millones de dólares anuales, de los cuales entre 8,000 y 10,000 millones correspondían a contribuciones voluntarias.
A esto se suman las cuotas obligatorias que el país paga como miembro del organismo multilateral. Funcionarios estadounidenses sostienen que el nuevo compromiso mantiene al país como el mayor donante humanitario del mundo, pese a la reducción general de fondos.
Detalles de la medida
La medida se produce en un contexto de crisis para numerosas agencias humanitarias.
Durante el último año, organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos, la Organización Internacional para las Migraciones y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados enfrentaron recortes millonarios, despidos y la cancelación de programas esenciales.
Al mismo tiempo, las necesidades globales aumentaron debido a conflictos armados, hambrunas, desplazamientos forzados y desastres naturales asociados al cambio climático.
Según datos de la ONU, en 2025 se registraron situaciones de hambruna en regiones de Sudán y Gaza, además de emergencias prolongadas en Haití, Siria, Ucrania y partes de África central.
A pesar de este panorama, otros donantes tradicionales como Reino Unido, Francia, Alemania y Japón también redujeron sus aportes y exigieron reformas estructurales al sistema humanitario.
Desde el Departamento de Estado, un alto funcionario explicó que Estados Unidos busca una “autoridad de liderazgo más consolidada” dentro de la ONU para la distribución de la ayuda.
En la práctica, esto significa que OCHA tendrá mayor control sobre el destino de los fondos y actuará como un canal centralizado para evitar lo que Washington considera burocracia excesiva y gastos ineficientes.
El embajador estadounidense ante la ONU, Michael Waltz, señaló que el objetivo es ofrecer más ayuda con menos recursos de los contribuyentes, priorizando resultados medibles y una asistencia más focalizada.
En un comunicado oficial, el Departamento de Estado afirmó que las agencias humanitarias deberán adaptarse a este nuevo modelo, reducir su tamaño o desaparecer si no cumplen con los criterios de eficiencia establecidos.

El plan contempla, en una primera etapa, la asignación de recursos a 17 países considerados prioritarios, entre ellos Bangladesh, la República Democrática del Congo, Haití, Siria y Ucrania.
Afganistán y los territorios palestinos no figuran en la lista inicial. En el caso palestino, funcionarios estadounidenses indicaron que la asistencia se abordará a través de un futuro plan de paz para Gaza, aún en desarrollo.
Tom Fletcher, jefe de OCHA y responsable del llamado “reinicio humanitario”, celebró el acuerdo y destacó que permitirá canalizar recursos en un momento de enorme presión global.
En su declaración, afirmó que Estados Unidos demuestra capacidad de liderazgo humanitario al aportar fondos en un escenario internacional cada vez más complejo.
Mientras tanto, organizaciones humanitarias y expertos advierten que los recortes acumulados ya generan consecuencias visibles, como escasez de alimentos, interrupción de servicios de salud y mayor vulnerabilidad para millones de personas.
El nuevo compromiso financiero abre una etapa de transición que definirá el alcance real de la ayuda internacional en los próximos años y el papel que Estados Unidos desea desempeñar dentro de la ONU.
Fuente: CNN





