Con esta técnica precisa y profesional, el arroz blanco deja de ser un simple acompañamiento para convertirse en un plato lleno de sabor, textura impecable y aroma irresistible.
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El arroz blanco parece una receta sencilla, casi automática en muchas cocinas. Agua, sal y fuego. Sin embargo, lograr un arroz realmente suelto, aromático y con textura profesional exige algo más que cubrir el grano y esperar.
El cocinero mexicano José Ramón Castillo propone una técnica que transforma por completo este plato básico: sustituir el agua por caldo caliente, añadir mantequilla al final y respetar un gesto previo que marca la diferencia.
Según explica el chef, el arroz no es un simple acompañamiento. Es una base versátil que puede elevar cualquier comida si se entiende su proceso de cocción.
La clave está en tres pilares: lavado profundo, sellado del grano y reposo final. Con estos pasos, el resultado pasa de correcto a extraordinario.
Por qué no usar solo agua para hacer el arroz
Cocinar el arroz blanco únicamente con agua limita su sabor. El caldo de pollo caliente, en cambio, aporta profundidad, aroma y un matiz salino equilibrado que se integra desde el interior del grano.
En esta receta, la proporción exacta es fundamental: 550 mililitros de caldo por cada taza de arroz de grano largo.
Además, la incorporación de 60 gramos de mantequilla al final de la cocción potencia la untuosidad, aporta brillo natural y ayuda a que los granos queden definidos pero jugosos. No se trata de hacer un arroz pesado, sino de conseguir una textura sedosa y envolvente.

Ingredientes
- 1 taza de arroz de grano largo
- 550 ml de caldo de pollo caliente
- 3 dientes de ajo laminados
- 1/4 de cebolla picada muy fina
- 100 g de apio picado
- 110 g de maíz tierno
- 2 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
- 60 g de mantequilla
- 1 ramillete de cilantro o perejil
- Sal al gusto
Paso a paso
- Coloca el arroz en un bol con agua fría. Remueve suavemente, escurre y repite hasta que el agua salga clara. Déjalo escurrir bien.
- Calienta el aceite en una cazuela amplia a fuego medio-alto. Sofríe la cebolla hasta que esté transparente.
- Añade el ajo laminado y cocina hasta que desprenda aroma sin que se queme.
- Incorpora el apio y el maíz. Saltea un par de minutos.
- Agrega el arroz escurrido y remueve durante dos o tres minutos para sellarlo.
- Vierte el caldo de pollo caliente, ajusta de sal y coloca el ramillete de hierbas encima.
- Cocina diez minutos a fuego fuerte sin remover.
- Baja el fuego, añade la mantequilla, tapa y cocina cinco minutos más.
- Apaga el fuego y deja reposar cinco minutos adicionales. Retira las hierbas, suelta el arroz con un tenedor y sirve.

La cocción se divide en dos fases. Primero, fuego fuerte durante diez minutos sin remover. Luego, cinco minutos a fuego suave, momento en el que se incorpora la mantequilla y se tapa la cazuela.
El reposo posterior, con el fuego apagado y la tapa puesta durante cinco minutos adicionales, termina de asentar la textura.
Con esta técnica precisa y profesional, el arroz blanco deja de ser un simple acompañamiento para convertirse en un plato lleno de sabor, textura impecable y aroma irresistible.
Fuente: El Español





