La historia de Susana Barrera no es una línea recta. Es una travesía marcada por rupturas, silencios, luchas internas y comienzos forzados. A los cuatro años, Servicios Sociales la separó de su hogar biológico y desde entonces su infancia quedó fragmentada en múltiples casas, camas prestadas y afectos temporales. Pasó hambre, miedo, abuso y una soledad que ningún niño debería conocer. Muy pronto aprendió que, si quería sobrevivir, tenía que levantarse sola.
A los diecisiete años tocó fondo: sin un lugar donde vivir, durmió en una casa abandonada y luego en su carro mientras trabajaba para pagarse un techo. Aun así, nunca perdió la capacidad de reconstruirse. Esa resiliencia es el hilo que sostiene toda su vida.

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Susana Barrera fue perseverante
Con el tiempo, decidió romper con el ciclo de inestabilidad que la había marcado. Se mudó a Carolina del Sur buscando un nuevo comienzo. Trabajó como mesera, luego como técnica de diálisis y más tarde entró al mundo de las finanzas corporativas, donde se certificó como paralegal y perfeccionó el español que hoy domina con soltura. Cada etapa fue un peldaño, una prueba más de que su historia no la definía: la impulsaba.
Su fortaleza volvió a probarse durante el proceso migratorio de su esposo. Se vio obligada a separarse de él, viajar con su hija a México y vivir meses de incertidumbre. El miedo era real, pero su determinación también. Finalmente, lograron regresar juntos a Estados Unidos, más unidos y agradecidos. Esa experiencia le enseñó lo duro, emocional y desgastante que puede ser enfrentar el sistema migratorio sin alguien que te respalde.
A lo largo de los años, Susana Barrera también se abrió camino en los negocios: administró restaurantes, gestionó licencias, inspecciones y operaciones, e incluso abrió locales durante la pandemia estando embarazada. Nada la detuvo. Su motor siempre fue el mismo: darle estabilidad a su familia y demostrar que su pasado no sería su límite.
Un ejemplo para otros
De ese recorrido nace lo que hoy inspira todo lo que hace. Susana no solo ha sobrevivido; ha creado una vida sólida a partir de los pedazos de su historia. Y ahora quiere contarla. Porque entiende que su voz puede acompañar a otros que sienten miedo, confusión o soledad en su propio camino.
Su misión es clara: compartir su historia para que otros recuerden que sí es posible comenzar de nuevo —aunque duela, aunque cueste, aunque parezca imposible.
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Fuentes: Susana Barrera, NexOne Consulting.





