Cada vez que se disputa una final importante de fútbol o una selección nacional consigue una victoria histórica, las imágenes suelen repetirse. Hombres llorando en las tribunas o restaurantes, abrazándose con desconocidos, padres e hijos compartiendo lágrimas de emoción frente a un televisor o en una plaza llena de seguidores.
Para muchos espectadores estas escenas pueden parecer exageradas, después de todo, se trata de un partido de fútbol. Pero, detrás de esas lágrimas y euforia existe una explicación mucho más profunda que el simple resultado de un encuentro deportivo.
Leer más: Gabriel Eljach: estrategia para proteger lo que más importa
El fútbol ocupa un lugar especial en la vida de millones de personas alrededor del mundo. No es solamente un entretenimiento de fin de semana ni un pasatiempo ocasional.
Este deporte representa, para miles de hombres, una parte importante de su identidad, historia familiar e incluso ha forjado recuerdos a lo largo de los años.

El fútbol y los hombres son uno (y no estamos exagerando)
Los psicólogos han estudiado durante décadas la fuerte conexión emocional que las personas, específicamente los hombres, desarrollan con sus equipos.
Uno de los conceptos más conocidos es el llamado “disfrutar la gloria reflejada”, un fenómeno mediante el cual los aficionados sienten las victorias de su equipo como si fueran propias.
Por eso es tan común escuchar expresiones como “ganamos”, “somos campeones” o “estamos en la final”, aunque quienes las pronuncian no hayan participado directamente en el partido.
Con el paso del tiempo, el vínculo con un club o una selección puede convertirse en algo muy personal. Miles de hombres organizan sus rutinas alrededor de los partidos, recuerdan momentos importantes de sus vidas asociados al fútbol y comparten esa pasión con familiares y amigos.
Cuando finalmente llega un triunfo esperado durante años, o la derrota toca la puerta de la selección, las lágrimas son imposibles de controlar.
Si bien esto puede ser excesivo o exagerado para ciertas personas, la realidad es que está comprobado que el fútbol despierta emociones. Los científicos han demostrado que el organismo experimenta cambios reales durante los partidos de alta intensidad.
“Los humanos tenemos un circuito de recompensa y éste se va a alimentar por cosas que son placenteras o que nos hacen sentir bien o que queremos seguir experimentando. En el caso del futbol, este circuito se nutre cuando nuestro equipo gana. Sin embargo, cuando nos marcan un penal, una expulsión o perdemos, éste decae. Tenemos diversas emociones mezcladas en el juego y a la vez secretamos sustancias químicas que nos producen placer como las endorfinas”, comentó el profesor Víctor Rodríguez del departamento de fisiología de la facultad de medicina de la Universidad Nacional de México.
¿Llorar por un partido es normal?
Llorar es aceptable en cualquier circunstancia y muchos investigadores sostienen que los hombres lidian con las mismas emociones que las mujeres tienen cuando ven una novela o una película triste.
Por ende, es posible que, tras la combinación de tensión, expectativa y emoción acumulada durante noventa minutos, los caballeros tengan reacciones emocionales intensas cuando llega el desenlace del partido.
Algunos podrían sentir deseos de llorar al ver su equipo favorito perder en la cancha o en extremos casos padecer molestia. Cualquiera que sea el caso, los investigadores sostienen que es fundamental aprender a dominar las emociones en este aspecto.
La conquista de un campeonato, una clasificación histórica o un gol decisivo en los últimos minutos representan la culminación de años de expectativas, decepciones y esperanzas. Las lágrimas o la ira aparecen entonces como una válvula de escape para toda esa energía emocional acumulada.
Ambas reacciones son válidas, pero es necesario saber controlarlas. De hecho, hay quienes sienten que pueden abrazarse, emocionarse o gritar sin temor a ser juzgados.

En ese entorno deportivo, las emociones dejan de verse como una muestra de fragilidad y se convierten en una expresión legítima de alegría, orgullo o pertenencia.
Así que, si ves a un hombre llorando, gritando o eufórico a partir del 11 de junio, no te preocupes. Todo tiene una explicación futbolística y simplemente hay que apoyarlos.
Fuente: inSouth Magazine con información de Xataka y Universidad Nacional de México





