Por qué tu cuerpo siempre guarda espacio para el postre
diciembre 30, 2025
By: Carlos Graterol

El postre suele asociarse con celebración, premio y bienestar emocional. Desde la infancia, se presenta como algo especial, distinto al resto de la comida. En reuniones familiares, fiestas o cenas festivas, el dulce cumple una función simbólica que va más allá de la nutrición. Comerlo refuerza vínculos y genera una sensación de cierre satisfactorio.

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Aunque sientas que ya no cabe un solo bocado después de una comida abundante, el postre suele encontrar su lugar sin mayor resistencia.

Esta experiencia tan común tiene una explicación científica que combina anatomía, neurociencia, digestión y conducta social. No se trata de falta de fuerza de voluntad ni de simple antojo, sino de cómo funciona el cuerpo humano cuando se enfrenta al placer.

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Desde el punto de vista físico, el estómago no es una bolsa rígida que se llena hasta desbordarse. Es un órgano flexible, diseñado para adaptarse.

Cuando empiezas a comer, se activa un proceso llamado acomodación gástrica. Los músculos del estómago se relajan y se expanden de forma progresiva para dar cabida a los alimentos.

Esta capacidad de ajuste permite que, incluso tras un plato fuerte, todavía exista margen para algo más ligero.

Aquí entra en juego la naturaleza del postre. Los alimentos dulces suelen ser más suaves, menos densos y requieren menor esfuerzo digestivo que los platos ricos en grasas o proteínas.

Un helado, un mousse o una tarta blanda generan menos presión gástrica que una carne o una pasta. Por eso, el estómago puede extenderse un poco más sin provocar una sensación intensa de incomodidad.

Sin embargo, la explicación más poderosa no está en el estómago, sino en el cerebro. El apetito no responde únicamente al hambre física.

Existe lo que los especialistas llaman hambre hedónica, un deseo de comer impulsado por el placer y la recompensa. Los postres activan circuitos neuronales vinculados a la dopamina, el neurotransmisor asociado al disfrute y la motivación.

Al hacerlo, reducen temporalmente las señales de saciedad y aumentan las ganas de seguir comiendo, incluso cuando el cuerpo ya recibió suficiente energía.

Otro mecanismo clave es la saciedad sensorial específica. A medida que consumes un mismo tipo de alimento, el cerebro se va cansando de ese sabor y de esa textura. El plato principal pierde atractivo con cada bocado.

Cuando aparece un postre, con un perfil completamente distinto, esa respuesta sensorial se renueva. El cambio despierta de nuevo el interés por comer y genera la percepción de que hay espacio para algo más.

El proceso digestivo también influye. Los azúcares y carbohidratos simples abandonan el estómago con mayor rapidez que las grasas y las proteínas.

Además, requieren menos descomposición inicial. Esto contribuye a la sensación de que los postres son más fáciles de digerir, aun cuando la comida anterior fue abundante.

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Factor determinante

El factor tiempo resulta determinante. Las hormonas responsables de la saciedad, como la colecistoquinina, el GLP-1 y el péptido YY, no actúan de inmediato.

Tardan entre veinte y cuarenta minutos en enviar una señal clara de plenitud al cerebro. Muchas decisiones sobre el postre se toman antes de que este sistema hormonal alcance su efecto máximo, lo que deja espacio a la influencia del placer y la expectativa.

A todo esto se suma el componente social y cultural. El postre suele asociarse con celebración, premio y bienestar emocional. Desde la infancia, se presenta como algo especial, distinto al resto de la comida. En reuniones familiares, fiestas o cenas festivas, el dulce cumple una función simbólica que va más allá de la nutrición. Comerlo refuerza vínculos y genera una sensación de cierre satisfactorio.

Por eso, cuando después de decir “estoy lleno” aceptas un trozo de pastel, no hay contradicción.

Tu cuerpo y tu cerebro trabajan juntos para aprovechar una oportunidad de placer. Esa capacidad de combinar necesidad, adaptación y disfrute explica por qué, casi siempre, hay espacio para el postre.

Fuente: BBC

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