En paralelo, Neste continúa ampliando su ecosistema de innovación mediante alianzas estratégicas con empresas tecnológicas. Junto a socios como Alterra y Technip Energies, la compañía también está licenciando tecnologías de licuefacción que facilitan el reciclaje de plásticos difíciles de procesar, contribuyendo a escalar estas soluciones a nivel global.
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La compañía energética Neste ha dado un paso decisivo en la transformación de la industria del reciclaje al poner en marcha la mayor instalación del mundo dedicada a la mejora de plástico licuado residual.
Ubicada en su refinería de Porvoo, esta planta representa una inversión de 111 millones de euros y marca un hito en la escalabilidad del reciclaje químico a nivel industrial.

Neste
La nueva instalación tiene la capacidad de procesar hasta 150,000 toneladas anuales de plástico licuado, una cifra que la posiciona como líder global en este tipo de tecnología.
Su puesta en funcionamiento no solo valida la viabilidad técnica del procesamiento a gran escala, sino que también abre nuevas posibilidades para transformar residuos complejos en materias primas de alta calidad para la industria petroquímica.
El reciclaje químico ha emergido como una solución complementaria al reciclaje mecánico tradicional.
Mientras este último enfrenta limitaciones cuando se trata de plásticos contaminados o de baja calidad, el proceso desarrollado por Neste permite tratar residuos más difíciles, como envases multicapa, plásticos mezclados o materiales que anteriormente terminaban en vertederos o incineradoras.
La tecnología aplicada en esta planta consiste en convertir los residuos plásticos en aceite de pirólisis, un tipo de materia prima que luego es refinada hasta alcanzar estándares industriales.
Este proceso permite cerrar la brecha de calidad entre los residuos y los insumos necesarios para fabricar nuevos plásticos, facilitando su reintegración en la cadena de producción.
Además, la instalación está integrada en la refinería existente, lo que optimiza los procesos y reduce costos operativos. La producción se incrementará de forma progresiva a lo largo de 2026, en función de las condiciones del mercado y el desarrollo del marco regulatorio en Europa.
Uno de los aspectos más relevantes de este avance es su impacto ambiental. Según estudios de ciclo de vida realizados por la compañía, el uso de materias primas recicladas mediante este sistema puede reducir en más del 70 % el consumo de recursos fósiles vírgenes.
Asimismo, las emisiones de gases de efecto invernadero podrían disminuir en más del 35 % en comparación con métodos tradicionales como la incineración.
Este enfoque responde a la creciente necesidad de avanzar hacia una economía circular, en la que los residuos no se descartan, sino que se transforman en nuevos recursos.
En este sentido, la planta de Neste no solo representa un avance tecnológico, sino también un cambio de paradigma en la gestión de residuos plásticos.
Sin embargo, el desarrollo de este tipo de soluciones también depende del entorno regulatorio. Desde la compañía han señalado la importancia de que las normativas europeas evolucionen para reconocer el papel de las refinerías en el reciclaje químico.
En particular, destacan la necesidad de ajustar los criterios de cálculo del contenido reciclado en las políticas de la Comisión Europea, lo que permitiría impulsar aún más la adopción de estas tecnologías.

En paralelo, Neste continúa ampliando su ecosistema de innovación mediante alianzas estratégicas con empresas tecnológicas. Junto a socios como Alterra y Technip Energies, la compañía también está licenciando tecnologías de licuefacción que facilitan el reciclaje de plásticos difíciles de procesar, contribuyendo a escalar estas soluciones a nivel global.
Este proyecto se enmarca dentro de una estrategia más amplia orientada a reducir las emisiones y fomentar el uso de energías sostenibles.
Reconocida como uno de los principales productores mundiales de diésel renovable y combustible sostenible para aviación, Neste apuesta por diversificar sus soluciones hacia sectores clave como el de los plásticos.
Con la puesta en marcha de esta planta, la empresa no solo consolida su liderazgo en innovación energética, sino que también refuerza su compromiso con la sostenibilidad.
En un contexto donde la contaminación plástica representa uno de los mayores desafíos ambientales, iniciativas como esta demuestran que la tecnología puede ser una aliada clave para transformar residuos en oportunidades.
Fuente: nota especial





