Cuando los niños cumplen su primer año, comienza una etapa clave en su desarrollo y es necesario implementar un menú saludable para que su organismo aprenda y se adapte progresivamente.
En esta etapa, los pequeños ya no se alimentan únicamente de leche, sino que empiezan a explorar una alimentación más variada, con nuevas texturas y nutrientes. No obstante, aunque se lee fácil en realidad es un proceso complejo.
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Para los padres, este momento puede generar dudas: ¿qué darle de comer?, ¿cuánto es suficiente?, ¿cómo asegurar que esté bien alimentado?
La buena noticia es que crear recetas saludables para un niño de un año no tiene que ser difícil. Con algunos principios básicos y opciones sencillas, es posible ofrecer una dieta balanceada que favorezca su crecimiento y desarrollo.

¿Qué necesita comer un niño de un año?
De acuerdo con Healthy Children, en esta etapa, los pequeños necesitan una alimentación variada que incluya proteínas, carbohidratos, vitaminas, minerales y grasas saludables. Los profesionales consideran que aproximadamente la mitad de sus calorías deben provenir de la grasa, ya que es fundamental para el desarrollo del cerebro y el crecimiento general.
Esa grasa saludable se puede encontrar en el aguacate, aceite de oliva, pescado, los lácteos y las mantequillas de frutos secos.
Un niño de un año suele necesitar cerca de 1,000 calorías diarias, lo que permite que coma varias veces al día en porciones pequeñas.
Cómo organizar un menú saludable
Una buena forma de estructurar un menú saludable para niños es dividirlo en cinco momentos:
- Desayuno
- Refrigerio de media mañana
- Almuerzo
- Refrigerio de la tarde
- Cena
Esto ayuda a mantener su energía estable y evita que llegue con demasiada hambre a las comidas principales.
Ahora bien, basados en las propuestas de Healthy Children, un menú saludable puede estructurarse de la siguiente forma:
Desayuno
Algunas opciones de menú saludable para un niño de un año son:
- Media taza de cereal enriquecido con hierro o 1 huevo cocido.
- Media taza de leche entera o con 2 % de grasa.
- Una o media banana en rebanadas dependiendo de sus preferencias.
- 2 a 3 fresas en trocitos.

Refrigerio de media mañana
El objetivo del refrigerio es mantener al niño satisfecho hasta el almuerzo. Así que puedes ofrecer una rebanada pequeña de pan integral o muffin con queso crema o mantequilla de maní.
También funciona una pequeña taza de yogur con fruta picada o un poco de leche.
Almuerzo
El almuerzo debe ser equilibrado y fácil de masticar para los pequeños. Así que puedes intentar con un menú saludable que contenga:
- Medio sándwich de pollo, pavo, atún, ensalada de huevo o mantequilla de maní.
- Una o media taza de verduras verdes cocidas como brócoli o espinaca.
- Media taza de leche entera o con 2 % de grasa.

Refrigerio de la tarde
En la tarde, una merienda ligera ayuda a evitar el cansancio y la irritabilidad, así que puedes variar entre 1 a 2 onzas de queso en cubos o tiras, 3 cucharadas de fruta picada o un buen vaso de leche.
Cena
La cena debe ser nutritiva pero ligera, ya que se acerca la hora de dormir. En este punto, la sugerencia de los profesionales es no saturar al niño con alimentos pesados.
Puedes ofrecer:
- 2 a 3 onzas de carne cocida y picada.
- Media taza de verduras cocidas como zanahoria o calabaza.
- Media taza de pasta integral o papa.
Todas estas recetas saludables se pueden adaptar según los gustos y necesidades de tu hijo.

¿Cuándo consultar al pediatra?
Cada niño es diferente, por lo que siempre es importante consultar con el pediatra si tienes dudas sobre su alimentación, alergias o crecimiento.
También debes buscar orientación si notas que rechaza constantemente los alimentos, tiene problemas para tragar o no está ganando peso de forma adecuada.
Recuerda que la alimentación a esta edad también consiste en crear hábitos saludables y una relación positiva con la comida. Así que procura disfrutar del proceso, hacerlo con paciencia y mucho amor y en caso de necesitar ayuda no dudes en buscarla en un pediatra de confianza.
Fuente: Healthy Children





