La mantequilla clarificada es una preparación sencilla que puedes hacer en casa a partir de un solo ingrediente: mantequilla. Aunque en algunos países es habitual encontrarla en los supermercados, también puedes elaborarla fácilmente y aprovechar sus características para distintas preparaciones de cocina.
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La mantequilla clarificada se obtiene después de eliminar gran parte del agua y algunos componentes sólidos de la mantequilla. El resultado es una grasa con el característico aroma de la mantequilla, pero con un punto de humo considerablemente más alto.

Mantequilla clarificada
El punto de humo es la temperatura a la que una grasa comienza a producir humo. Mientras que el de la mantequilla se sitúa alrededor de los 130 °C, el de la mantequilla clarificada puede superar los 250 °C. Esto permite utilizarla para freír a temperaturas más elevadas sin que se queme y adquiera una coloración negra.
Con esta preparación puedes conseguir frituras más crujientes y conservar el sabor de la mantequilla. Además, la mantequilla clarificada recibe diferentes nombres según el lugar donde se utiliza. En la India se conoce como ghee, mientras que en Marruecos recibe el nombre de smen.
La preparación es fácil y toma alrededor de 15 minutos. Para comenzar, necesitarás mantequilla y una cazuela de tamaño mediano. También tendrás que utilizar un colador y una tela de quesero para separar los sólidos de la leche.
Ingrediente
- Mantequilla.
Pasos para preparar mantequilla clarificada
- Calienta la mantequilla. Pon la mantequilla en una cazuela de tamaño mediano y caliéntala a fuego medio.
- Deja que hierva. La mantequilla se derretirá y comenzará a hervir. Cuando llegue a este punto, reduce un poco el fuego.
- Cocina suavemente. Mantén la mantequilla hirviendo suavemente durante 10-12 minutos. Durante este proceso se eliminará buena parte del agua y se separarán los componentes sólidos.
- Filtra la preparación. Retira la cazuela del fuego y utiliza un cazo para pasar el líquido a otro cuenco. Hazlo a través de un colador cubierto con una tela de quesero.
- Separa los sólidos. La tela permitirá capturar los sólidos de la leche y dejar pasar la mantequilla clarificada.
- Comprueba si queda agua. Para saber si la mantequilla ya ha perdido toda el agua, puedes empapar una esquina de papel de cocina con la mantequilla clarificada y prenderle fuego. Si chisporrotea al arder, todavía contiene agua y debes continuar calentándola durante un tiempo.
- Deja enfriar. Una vez fría, la mantequilla clarificada puede volver a solidificarse o adquirir una textura semisólida. Ambas situaciones son normales.
- Vuelve a calentarla cuando la necesites. Al calentarse nuevamente, recuperará su estado líquido y transparente.
Una de las características más prácticas de esta preparación es que puede conservarse durante meses sin necesidad de refrigeración. Además, debes tener en cuenta que durante el proceso se pierde aproximadamente una tercera parte del volumen inicial de la mantequilla. Por eso, la cantidad final será menor que la que utilizaste al comenzar.
La preparación también te permite tener en casa una grasa que conserva el sabor y el aroma de la mantequilla, pero que soporta temperaturas mucho más elevadas antes de alcanzar su punto de humo. Esto la convierte en una alternativa para determinadas preparaciones en las que buscas utilizar mantequilla sin que se queme con facilidad.
Cuando la mantequilla clarificada se enfría, no debes preocuparte si cambia de apariencia o textura. Puede quedar sólida o semisólida y, al volver a recibir calor, recuperará su aspecto líquido y transparente.
Con una preparación sencilla y pocos utensilios, puedes transformar mantequilla en una grasa versátil para la cocina. Solo necesitas controlar el fuego, separar los sólidos y asegurarte de que el agua se haya eliminado antes de almacenarla.
Fuente: Cocinista




