El inicio de año despierta sensaciones diversas. Para algunos, es el momento ideal para proyectar metas; para otros, un territorio donde aparecen nostalgias, pérdidas o aprendizajes pendientes. Y también están quienes sienten un torbellino de cansancio, esperanza y preguntas que todavía no tienen respuesta. Lo cierto es que toda transición de ciclo nos mueve.
No porque mágicamente cambie todo, sino porque cambia la forma en que nos miramos. Y esa mirada —más consciente, más despierta— es la que vuelve valioso cada comienzo. El calendario no transforma la vida, pero sí puede convertirse en un punto de pausa: un espacio simbólico para revisar quiénes somos hoy y desde dónde queremos seguir.
Leer más: Tu guía definitiva de autocuidado
Lo que debes preguntarte en el inicio de año
A veces ese despertar incomoda. Nos enfrenta a lo que ya no encaja, a lo que postergamos y a lo que, aunque nos dio seguridad durante un tiempo, hoy nos pesa. Ese movimiento interno suele venir acompañado de preguntas necesarias:
- ¿Qué quiero ahora?
- ¿Qué ya no quiero sostener?
- ¿Qué necesito para avanzar?
- ¿Hacia dónde quiero dirigirme desde este nuevo punto?

No se trata de responderlas todas de inmediato. Se trata de permitir que aparezcan.
Y aquí hay algo importante: no se trata de presionarte, sino de acompañarte. Desde la práctica del mindfulness —que no es una moda, sino un entrenamiento de presencia— he aprendido que un nuevo año no se ordena desde la exigencia, sino desde la regulación emocional y la intención consciente. No desde el “tengo que”, sino desde el “elijo”.
Algunas claves reales para comenzar
La claridad no aparece antes del camino; aparece en el camino. Nos educaron para creer que decidir exige tener todas las respuestas. En realidad, es el primer paso el que abre rutas que hoy no ves. Avanzar también es una forma de descubrir.
Intenciona, no te sobrecargues. Una intención clara tiene más impacto que diez metas rígidas. La intención orienta tu energía; las listas interminables, si no son flexibles, suelen drenarla y generar frustración.
La comparación distorsiona la percepción. Cada historia tiene tiempos, heridas y conquistas distintas. Compararte te aleja de tu propio proceso y te hace medir tu valor con reglas que no te pertenecen.
Tu energía es el recurso que sostiene todas tus metas. Dormir mejor, regular la respiración, alimentarte con más conciencia, permitirte pausas y pedir ayuda cuando la necesitas no es debilidad: es estrategia emocional y autocuidado inteligente.
Comenzar un gran año no significa tener el mapa completo, sino tener el coraje de escucharte con honestidad. Significa elegir avanzar un día a la vez, desde la presencia y no desde la prisa. Desde la compasión y no desde el juicio.
Que este nuevo año no te pida perfección, sino coherencia. Que no te exija correr, sino habitar tu propio ritmo. Y que cada pequeño paso consciente se convierta en un acto de respeto hacia la vida que estás construyendo.
Deseo que este sea un año de claridad, humanidad y pequeños renaceres compartidos.
3 afirmaciones para tener en cuenta este inicio de año 2026
- “No necesito tener todas las respuestas para avanzar; confío en que la claridad aparece cuando camino con presencia.”
- “Elijo iniciar este año escuchándome con honestidad, regulando mi energía y avanzando a mi propio ritmo.”
- “Suelto la comparación y honro mi proceso; cada paso consciente que doy es parte de mi crecimiento.”
Disfruta de nuestra edición enero-febrero, The Health & Love Issue, aquí.


Fuentes: Elizabeth Gómez, psicóloga y Life Coach en @relativoyvivo.






