En un contexto donde todos compiten por atención, las experiencias se convirtieron en el verdadero diferencial. Ya no alcanza con mostrar un producto: hay que hacerlo vivir.
Las experiencias inmersivas permiten que el usuario interactúe, explore y se involucre con la marca. Desde contenidos interactivos hasta herramientas que permiten probar productos de forma virtual, el marketing se vuelve participativo.
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Durante el cierre de año, estas experiencias generan un impacto emocional muy fuerte. No solo captan atención, sino que permanecen en la memoria. Y eso, desde mi experiencia, es uno de los activos más valiosos para una marca.
Siempre recomiendo innovar con sentido. No se trata de usar tecnología por usarla, sino de crear experiencias alineadas con la identidad de la marca y las expectativas de la audiencia.
El marketing del presente y del futuro no se limita a comunicar mensajes: crea momentos. Y las marcas que entienden esto cierran el año no solo con ventas, sino con vínculos más profundos y duraderos.
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Sobre la autora
Creo en el marketing que conecta, comunica con intención y genera impacto real. A través de mi trabajo acompaño a marcas, emprendedores y organizaciones a construir estrategias claras, humanas y sostenibles.
Si este artículo resonó contigo y quieres profundizar en cómo aplicar estas ideas a tu negocio o proyecto, te invito a contactarme y a seguir leyendo mis columnas, donde comparto experiencia, análisis y reflexiones sobre marketing, comunicación y comunidad.
Porque el crecimiento no empieza con una tendencia, sino con una conversación.
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Ghisela Eljach
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