Probable: descubre qué significa realmente
julio 20, 2026
By: Carlos Graterol

Las palabras probable y posible forman parte del lenguaje cotidiano y aparecen con frecuencia en noticias, informes científicos, pronósticos y conversaciones diarias. Sin embargo, aunque suelen utilizarse para comunicar la posibilidad de que ocurra un hecho, no siempre transmiten el mismo significado a quienes las escuchan.

De acuerdo con el epidemiólogo matemático Adam Kucharski, especialista de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, la interpretación de estos términos puede variar considerablemente entre distintas personas, lo que puede generar malentendidos incluso en situaciones de gran relevancia.

Leer más: Messi reaviva el eterno debate sobre el mejor futbolista

Kucharski, quien asesora a gobiernos sobre el comportamiento de enfermedades infecciosas, comenzó a profundizar en este fenómeno durante la pandemia de covid-19.

Según explica en su libro Proof, the Uncertain Science of Certainty, descubrió que presentar datos científicos no siempre era suficiente para convencer al público, ya que las personas interpretaban de manera distinta las probabilidades expresadas con palabras.

Probable
Sasun Bughdaryan / Unsplash

Probable

Uno de los ejemplos históricos más conocidos ocurrió en 1951 dentro de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. El analista Sherman Kent redactó un informe indicando que una agresión militar de la Unión Soviética contra Yugoslavia era “seriamente posible”.

Días después, un alto funcionario del Departamento de Estado le preguntó qué significaba exactamente esa expresión. Kent respondió que, en su opinión, representaba una probabilidad cercana al 65 %. Sin embargo, quienes habían leído el informe entendieron que las posibilidades eran mucho menores.

El episodio llevó a Kent a consultar a los integrantes de su propio equipo, quienes tampoco coincidían en la interpretación de los términos que utilizaban habitualmente. Esa experiencia lo impulsó a desarrollar una escala que relacionara palabras con porcentajes concretos para reducir las ambigüedades.

En 1964 publicó el ensayo Words of Estimative Probability, donde propuso categorías específicas. Según esa clasificación, “casi seguro” equivalía aproximadamente al 93 %, “probable” al 75 %, “posibilidades parejas” al 50 %, “improbable” al 30 % y “casi imposible” al 7 %.

Además, cuestionó expresiones ambiguas como “podría” o “sugerir”, al considerar que carecían de un significado suficientemente preciso.

Con el paso del tiempo, otras instituciones adoptaron sistemas similares. Tras la guerra de Irak, Reino Unido implementó un criterio oficial para las evaluaciones de inteligencia que vincula determinadas palabras con rangos porcentuales.

Así, una expresión como “muy probable” representa aproximadamente entre un 80 % y un 90 % de posibilidades de que ocurra un hecho.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), de la Organización de las Naciones Unidas, también desarrolló una guía de lenguaje estandarizado.

Desde 2010 establece que cuando sus científicos utilizan el término “probable” en un informe, el fenómeno descrito debe superar matemáticamente los dos tercios de probabilidad de ocurrencia. Su escala va desde “prácticamente seguro”, con más del 99 %, hasta “excepcionalmente improbable”, con menos del 1 %.

Sin embargo, fuera de esos ámbitos especializados, las personas no suelen interpretar esas palabras siguiendo criterios uniformes. Diversos estudios inspirados en las investigaciones de Sherman Kent demostraron que el término posible es uno de los más difíciles de interpretar.

Mientras que probable suele concentrar la percepción del público entre un 60 % y un 80 %, posible presenta interpretaciones extremadamente variadas.

Matemáticamente, cualquier evento cuya probabilidad sea superior al 0 % e inferior al 100 % puede considerarse posible. Precisamente por esa amplitud, cada persona termina asignándole un significado diferente.

Kucharski explica que el contexto también modifica la percepción. Si un médico afirma que “es posible” que una cirugía tenga efectos secundarios, muchas personas interpretan que existe una probabilidad elevada.

En cambio, si un meteorólogo dice que “es posible” que caiga un meteorito, la reacción suele ser distinta, ya que el contexto hace pensar en un escenario mucho menos probable.

Algo similar ocurre con expresiones como “posibilidad realista”, que en distintos estudios generaron respuestas que oscilaron entre el 10 % y el 100 %. Algunas personas la interpretan como un desenlace bastante probable y otras simplemente como un escenario factible.

Las investigaciones también muestran que la forma de expresar una probabilidad puede influir en la percepción. Decir “es posible que el paciente sobreviva” no produce el mismo efecto psicológico que afirmar “es poco probable que el paciente muera”, aunque ambas frases describan la misma situación estadística.

Probable
Towfiqu Barbhuiya / Unsplash

Para Adam Kucharski, una de las principales conclusiones es que quienes comunican riesgos, ya sean científicos, periodistas o responsables políticos, deben procurar que el significado que desean transmitir coincida con la interpretación del público. Asimismo, considera importante evitar expresiones ambiguas que dificulten evaluar posteriormente si una predicción fue acertada o no.

En definitiva, términos como probable y posible parecen sencillos, pero su interpretación puede variar ampliamente. Esa diferencia adquiere especial importancia cuando se trata de comunicar riesgos relevantes o situaciones que requieren decisiones fundamentadas.

Fuente: BBC

inSouth Magazine, desde el 2015 exaltando los valores de nuestra comunidad Latina. Síguenos en nuestras redes sociales como @insouthmagazine y mantente informado.

¡inSouth Magazine siempre contigo!

Seguir leyendo…