Mientras tanto, algunos aeropuertos han logrado evitar el impacto de la crisis. En cerca de 20 terminales, los controles de seguridad están a cargo de empresas privadas, lo que ha permitido mantener tiempos de espera más estables. Este contraste pone en evidencia las diferencias en la gestión del sistema aeroportuario.
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La creciente crisis operativa en los aeropuertos de Estados Unidos ha llevado al gobierno a tomar una medida extraordinaria: desplegar agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas para apoyar en tareas de seguridad y control de flujo de pasajeros.
La decisión responde a la escasez de personal en la Administración de Seguridad del Transporte, que enfrenta una ola de renuncias y ausencias en medio de un cierre parcial del Gobierno.

Crisis en aeropuertos con ICE
El presidente Donald Trump anunció que el operativo estará coordinado por Tom Homan, quien confirmó que los agentes comenzarán a desplegarse para aliviar la carga de trabajo en los aeropuertos más congestionados del país.
Según explicó, su función será complementar las tareas del personal existente, sin intervenir en áreas técnicas como los controles de rayos X.
La medida llega en un momento crítico. Largas filas y tiempos de espera que superan las tres horas se han vuelto frecuentes en múltiples terminales aéreas.
Esta situación se debe, en gran parte, a la falta de personal de la TSA, ya que muchos agentes han renunciado o se han ausentado por no poder sostener sus gastos mientras trabajan sin salario durante el cierre gubernamental.
Datos del Departamento de Seguridad Nacional indican que más de 400 agentes han abandonado sus puestos desde el inicio de la crisis. A esto se suman ausencias no programadas, motivadas por dificultades económicas como el costo del transporte o el cuidado infantil.
La combinación de estos factores ha generado un efecto en cadena que impacta directamente en la experiencia de los viajeros.
El despliegue del ICE busca mitigar este colapso operativo. De acuerdo con Homan, los agentes se encargarán de funciones logísticas y de apoyo, como supervisar salidas o gestionar el flujo de personas, permitiendo que el personal especializado de la TSA se concentre en las tareas de inspección. La estrategia apunta a optimizar recursos en un contexto de alta demanda.
No obstante, la medida ha generado reacciones divididas. Mientras algunos sectores consideran que puede ser una solución temporal útil, otros cuestionan la idoneidad de utilizar personal de inmigración en entornos aeroportuarios sin la formación específica para ciertas funciones.
El líder demócrata Hakeem Jeffries criticó la decisión, señalando que podría generar más confusión y presión en un sistema ya saturado.
Por su parte, el senador John Kennedy reconoció que la iniciativa podría ayudar en tareas de control de multitudes, aunque advirtió que no representa una solución definitiva al problema estructural que enfrenta la seguridad aeroportuaria.
En paralelo, el secretario de Transporte, Sean Duffy, alertó que la situación podría empeorar si el cierre del Gobierno se prolonga. La falta de financiamiento no solo afecta la operatividad actual, sino que también pone en riesgo la estabilidad laboral de miles de trabajadores esenciales.

El contexto político añade otra capa de complejidad. Las negociaciones en el Congreso para financiar el Departamento de Seguridad Nacional continúan estancadas, con desacuerdos clave entre republicanos y demócratas.
Entre los puntos de conflicto se encuentran las condiciones para las operaciones migratorias y el uso de ciertos protocolos por parte del ICE.
Mientras tanto, algunos aeropuertos han logrado evitar el impacto de la crisis. En cerca de 20 terminales, los controles de seguridad están a cargo de empresas privadas, lo que ha permitido mantener tiempos de espera más estables. Este contraste pone en evidencia las diferencias en la gestión del sistema aeroportuario.
En este escenario, el despliegue de agentes del ICE se presenta como una medida de emergencia para contener una situación que afecta a millones de pasajeros. Aunque su efectividad aún está por verse, refleja la urgencia de encontrar soluciones inmediatas ante una crisis que combina factores operativos, económicos y políticos.
Fuente: CNN





