Contracturas musculares: por qué ocurren y cómo aliviarlas
julio 7, 2026
By: Adayris Castillo

Las contracturas musculares son una molestia muy común que puede afectar a personas de cualquier edad. Muchas veces aparecen después de hacer ejercicio, permanecer varias horas en la misma posición o incluso como consecuencia del estrés.

Aunque en la mayoría de los casos no representan un problema grave, sí pueden provocar dolor, limitar los movimientos y afectar las actividades diarias.

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Por lo general, estas se presentan cuando un músculo o un grupo de fibras musculares permanece contraído durante más tiempo del necesario y no logra relajarse por completo. Esta tensión continua genera dolor, rigidez y, en algunos casos, una sensación de “nudo” que puede palparse al tocar la zona afectada.

Las contracturas se presentan prácticamente en cualquier parte del cuerpo, pero son más frecuentes en el cuello, los hombros, la espalda y la zona lumbar. También aparecen en las piernas o los brazos, especialmente después de realizar esfuerzos físicos intensos.

Si bien suelen desaparecer con el paso de los días, algunas pueden prolongarse si no reciben el tratamiento adecuado o si la causa que las originó continúa presente.

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¿Por qué aparecen las contracturas?

Existen diferentes factores que pueden favorecer la aparición de una contractura muscular. Entre las causas más comunes se encuentran:

Sobrecarga muscular. Es una de las razones más frecuentes. Levantar demasiado peso, entrenar con una intensidad mayor a la habitual o repetir un mismo movimiento durante mucho tiempo puede hacer que el músculo se fatigue y permanezca contraído.

Mala postura. Permanecer muchas horas sentado frente a una computadora, utilizar una silla poco ergonómica o mantener el cuello inclinado hacia el teléfono móvil puede generar tensión constante en determinados músculos.

Con el paso del tiempo, esa tensión favorece la aparición de contracturas, especialmente en la espalda y el cuello.

Estrés y ansiedad. El estado emocional también influye en la salud muscular. Cuando una persona está bajo mucho estrés, es común que los músculos permanezcan tensos de forma involuntaria, sobre todo en los hombros y la región cervical.

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Si esta situación se mantiene durante varios días o semanas, es más probable que aparezca una contractura.

Falta de calentamiento. Comenzar una actividad física sin preparar previamente los músculos aumenta el riesgo de sufrir lesiones y contracturas.

Un calentamiento adecuado mejora la circulación y prepara al cuerpo para el esfuerzo.

Deshidratación y desequilibrios minerales. Las contracturas no siempre están relacionadas con la falta de minerales, pero una hidratación insuficiente y niveles bajos de electrolitos como potasio, magnesio o calcio pueden favorecer problemas musculares en algunas personas.

Lesiones. Un golpe, un movimiento brusco o una mala técnica al practicar deporte también pueden desencadenar una contractura como mecanismo de protección del propio músculo.

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¿Cómo aliviar una contractura?

La mayoría de las contracturas mejoran con medidas sencillas realizadas en casa.

  • Aplicar calor. El calor ayuda a relajar las fibras musculares y favorece la circulación sanguínea. Una almohadilla térmica o una ducha caliente durante unos 15 o 20 minutos pueden disminuir el dolor.
  • Descansar sin dejar de moverse. Si bien es recomendable evitar actividades que aumenten el dolor, permanecer completamente inmóvil tampoco suele ser la mejor opción. Realizar movimientos suaves y caminar unos minutos puede favorecer la recuperación.
  • Hacer estiramientos. Los estiramientos suaves ayudan a recuperar la movilidad del músculo afectado. Es importante hacerlos lentamente y sin llegar a provocar dolor intenso.
  • Masajes. Un masaje realizado por un profesional puede contribuir a disminuir la tensión muscular y mejorar la circulación de la zona afectada. No obstante, cuando el dolor es muy intenso o existe una lesión importante, conviene consultar primero con un especialista.
  • Medicamentos. En algunos casos, un médico puede recomendar analgésicos o antiinflamatorios para controlar el dolor. Estos medicamentos no deben utilizarse por cuenta propia durante varios días sin orientación profesional.

Fuente: SaniSalud

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