El avance logrado por la Universidad de Tsukuba sitúa a este circuito cerebral como una pieza central para entender la relación la ansiedad y el sueño. Al identificar el interruptor que convierte la ansiedad en un despertar nocturno, la ciencia se acerca a soluciones más precisas para millones de personas que viven atrapadas en noches inquietas sin conocer la causa real.
Leer más: América Latina está de moda y cambiará el universo creativo
Un equipo de científicos japoneses identificó un mecanismo cerebral clave que explica por qué la ansiedad, el miedo o el estrés emocional pueden interrumpir el sueño de forma abrupta.
El hallazgo aporta una respuesta concreta a una experiencia común: despertarse de golpe en plena noche tras una preocupación intensa y no lograr volver a dormir. Además, abre nuevas vías para tratar el insomnio asociado a trastornos del ánimo.

Investigación
La investigación, desarrollada por especialistas de la Universidad de Tsukuba y publicada en The Journal of Neuroscience, describe la existencia de un circuito neuronal específico que actúa como un interruptor de emergencia durante el sueño profundo.
Cuando el cerebro detecta una señal emocional negativa, este sistema se activa y fuerza el paso inmediato del descanso a la vigilia.
Los científicos centraron su atención en dos regiones cerebrales poco conocidas fuera del ámbito académico.
La primera es el BNST, o núcleo de la estría terminal, una estructura ligada al procesamiento de la ansiedad sostenida y al estado de alerta emocional.
La segunda es el DpMe, un núcleo profundo del mesencéfalo que participa en la regulación del despertar.
Durante el sueño, las neuronas GABAérgicas del BNST permanecen en relativa calma. Sin embargo, ante una emoción intensa como el miedo o una amenaza percibida, estas neuronas envían una señal rápida y potente hacia el DpMe.
Allí activan neuronas glutamatérgicas que desencadenan el despertar inmediato. El cerebro actúa como si hubiera detectado un peligro real y decide interrumpir el descanso para priorizar la supervivencia.
Para demostrar este proceso, los investigadores utilizaron optogenética, una técnica que permite activar o desactivar circuitos cerebrales mediante impulsos de luz.
Al estimular el BNST en ratones que dormían, los animales se despertaban al instante. Cuando los científicos expusieron a los ratones a estímulos estresantes leves, como una ráfaga de aire, el resultado fue el mismo: el circuito se encendía y el sueño se interrumpía de forma brusca.
El experimento fue más lejos. Al eliminar las neuronas glutamatérgicas del DpMe, los ratones dejaron de responder con despertares rápidos ante situaciones de estrés. Incluso después de un sobresalto, permanecían dormidos o tardaban mucho más en activarse.
Este resultado confirmó que el circuito BNST–DpMe resulta esencial para que una emoción intensa logre sacarnos del sueño profundo.
Ansiedad
Este descubrimiento tiene implicaciones directas para la salud mental. Personas con ansiedad, depresión o estrés postraumático suelen presentar un sueño frágil, con múltiples despertares nocturnos.
En estos casos, el sistema de alarma cerebral funciona con una sensibilidad excesiva. El cerebro interpreta preocupaciones internas como amenazas y activa el interruptor del despertar una y otra vez.

Comprender este mecanismo ofrece una nueva meta terapéutica. En lugar de tratar el insomnio solo como un problema del sueño, los especialistas podrían intervenir sobre el circuito emocional que lo provoca. Regular la actividad del BNST o del DpMe permitiría reducir la frecuencia de despertares asociados al estrés sin afectar otras funciones cognitivas.
El BNST forma parte de la llamada amígdala extendida y se conecta con otras regiones que controlan el estado de alerta, como el hipotálamo lateral y el locus cerúleo. Esta red decide, incluso mientras dormimos, si el entorno resulta lo suficientemente seguro como para mantener el descanso. Cuando el equilibrio se rompe, el sueño deja de ser profundo y reparador.
El avance logrado por la Universidad de Tsukuba sitúa a este circuito cerebral como una pieza central para entender la relación la ansiedad y sueño. Al identificar el interruptor que convierte la ansiedad en un despertar nocturno, la ciencia se acerca a soluciones más precisas para millones de personas que viven atrapadas en noches inquietas sin conocer la causa real.
Fuente: Infobae





