Los ataques de pánico son una experiencia que muchas personas describen como uno de los momentos más intensos y difíciles que pueden atravesar. El corazón se acelera, la respiración cambia, aparece una sensación de peligro inminente y, en algunos casos, incluso se llega a pensar que se está sufriendo un problema médico grave.
Aunque pueden resultar muy angustiantes, aprender a comprenderlos y manejarlos puede marcar una diferencia importante en la vida diaria.
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Hablar de salud emocional sigue siendo necesario porque muchas personas viven estas experiencias en silencio o sin entender realmente qué está ocurriendo. Con información adecuada y algunas herramientas prácticas, es posible reducir el impacto que estos episodios tienen en el bienestar personal.

¿Qué es un ataque de pánico?
Un ataque de pánico es una reacción intensa del cuerpo y la mente que aparece de forma repentina y genera una sensación muy fuerte de miedo o amenaza, incluso cuando no existe un peligro real inmediato.
Entre los síntomas más comunes se encuentran:
- Palpitaciones o aumento del ritmo cardíaco.
- Sensación de falta de aire.
- Mareos o debilidad.
- Sudoración.
- Temblores.
- Presión o molestias en el pecho.
- Sensación de perder el control.
- Miedo intenso.
- Sensación de desconexión del entorno.
Estos episodios suelen alcanzar su punto más intenso en pocos minutos, aunque el malestar emocional puede durar más tiempo.
Casi siempre este tipo de reacciones se presenta cuando el cerebro interpreta que existe una amenaza. Al asociar que está en riesgo, activa mecanismos diseñados para proteger el cuerpo, el problema es que, en ocasiones, esa alarma aparece aunque no exista un peligro real.
Saber esto no elimina automáticamente el episodio, pero podría reducir el miedo que muchas veces lo acompaña.
Pensamientos como “me está pasando algo grave” o “no voy a salir de esto” suelen aumentar la sensación de angustia. En cambio, recordar que el episodio es temporal ayuda a disminuir la intensidad.
Respirar de forma consciente
Durante un ataque de pánico, muchas personas comienzan a respirar más rápido sin darse cuenta. Esto aumenta los síntomas como mareo, tensión o sensación de falta de aire.
Una técnica sencilla consiste en intentar hacer respiraciones lentas y constantes:
- Inhalar por la nariz durante unos segundos.
- Mantener el aire brevemente.
- Exhalar de forma lenta.
No se trata de obligarse a respirar de una manera perfecta, sino de ayudar al cuerpo a recuperar un ritmo más estable.
Volver al presente
Otro recurso útil es centrar la atención en el entorno para reducir la sensación de descontrol.
Algunas personas encuentran alivio usando ejercicios de conexión con el momento presente, por ejemplo:
- Identificar cinco cosas que puedan ver.
- Reconocer cuatro cosas que puedan tocar.
- Escuchar tres sonidos.
- Notar dos olores.
- Pensar en una sensación física agradable.
Este tipo de ejercicios ayudan a disminuir la sensación de estar atrapado dentro del episodio.

Evitar luchar contra el ataque
Puede parecer contradictorio, pero intentar pelear constantemente contra el ataque de pánico suele aumentar la tensión. Aceptar que el episodio está ocurriendo y recordar que pasará puede ser una estrategia más útil que tratar de eliminarlo inmediatamente.
Frases internas como:
- “Esto es incómodo, pero pasará”.
- “Ya he sentido esto antes”.
- “Puedo esperar a que disminuya”.
También funcionan para tratar de recuperar la sensación de control.
Identificar factores
Cada persona tiene experiencias diferentes, pero existen situaciones que aumentan la probabilidad de presentar ataques de pánico:
- Estrés acumulado.
- Falta de descanso.
- Exceso de cafeína.
- Cambios importantes en la vida.
- Consumo de algunas sustancias.
- Preocupaciones constantes.
Llevar un registro de cuándo aparecen los episodios sirve para identificar patrones y comprender mejor qué situaciones generan mayor vulnerabilidad.

Buscar apoyo también forma parte del proceso
Cuando los ataques de pánico aparecen con frecuencia o comienzan a afectar el trabajo, las relaciones personales o la rutina diaria, buscar ayuda profesional representa un paso importante.
Hablar con un especialista permite aprender herramientas adaptadas a cada persona y comprender mejor lo que está ocurriendo. Pedir ayuda no significa perder independencia; muchas veces representa una forma de recuperar tranquilidad y calidad de vida.
Fuente: Con información de Medline Plus, Clínica de la ansiedad y Healthline





