La tuberculosis continúa siendo una de las enfermedades infecciosas más letales del mundo pese a que existe una vacuna y tratamientos capaces de combatirla. Su historia está marcada por avances científicos, errores médicos y una complejidad biológica que todavía plantea grandes desafíos para los investigadores.
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Durante los siglos XVIII y XIX, la enfermedad era conocida como consunción, tisis o peste blanca. Incluso llegó a ser romantizada como una muerte espiritual y elegante asociada con la sensibilidad artística. Escritores, músicos y figuras históricas como Emily y Anne Brontë, Frédéric Chopin, Anton Chéjov, Madame de Pompadour y Simón Bolívar murieron por esta enfermedad.

Tuberculosis
El término tuberculosis surgió en el siglo XIX. En 1839, el médico alemán Johann Lukas Schönlein propuso ese nombre después de que los médicos identificaran pequeñas masas en los cuerpos de quienes fallecían por la enfermedad, denominadas “tubérculos”.
La percepción cambió radicalmente en 1882, cuando el médico y microbiólogo alemán Robert Koch demostró que la tuberculosis era causada por una bacteria altamente contagiosa, Mycobacterium tuberculosis.
La enfermedad dejó entonces de ser vista como una expresión de sensibilidad artística y comenzó a asociarse con la pobreza, el contagio y las condiciones sanitarias.
Una vacuna que cambió la historia
El desarrollo de la vacuna BCG representó un avance decisivo. Los científicos franceses Albert Calmette y Camille Guérin trabajaron durante más de una década para debilitar la bacteria y conseguir una cepa capaz de estimular el sistema inmunitario sin provocar la enfermedad.
En 1921, un recién nacido cuya madre había muerto de tuberculosis recibió la primera dosis de esta vacuna experimental en un hospital de París.
La BCG fue diseñada principalmente para proteger a los niños pequeños de las formas más graves de tuberculosis, como la meningitis tuberculosa y la tuberculosis miliar. Sin embargo, su desarrollo estuvo marcado por un episodio devastador.
Entre 1929 y 1930, 251 bebés fueron vacunados en la ciudad alemana de Lübeck. Debido a un error de laboratorio, las dosis se contaminaron con una cepa mortal de tuberculosis. Murieron 72 bebés y otros 173 enfermaron gravemente.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la BCG comenzó a utilizarse de forma masiva en Europa debido al fuerte aumento de los casos. Con el tiempo, se convirtió en una herramienta fundamental de salud pública, aunque sus limitaciones también quedaron claras.
Una bacteria difícil de combatir
La tuberculosis afecta principalmente a los pulmones. Las bacterias ingresan por las vías respiratorias y llegan hasta ellos, donde interactúan con las células del sistema inmunitario. El resultado depende de si el organismo consigue eliminarlas o si estas logran reproducirse y provocar una infección activa.
La protección proporcionada por la BCG durante los primeros años de vida disminuye con el tiempo. Por ello, la vacuna no ofrece una protección suficiente para impedir a largo plazo todos los casos de tuberculosis.
La enfermedad tampoco carece de tratamiento. La estreptomicina, descubierta en 1943, fue el primer antibiótico eficaz contra la bacteria. Sin embargo, la aparición de resistencias obligó a desarrollar tratamientos basados en combinaciones de diferentes medicamentos.
Actualmente, tratar la tuberculosis requiere varios antibióticos durante aproximadamente seis meses. Los investigadores buscan comprender por qué es necesario un tratamiento tan prolongado y cómo desarrollar medicamentos más eficaces.
Parte de la dificultad está en la propia bacteria. Mycobacterium tuberculosis crece lentamente y puede sobrevivir dentro de los macrófagos, células del sistema inmunitario encargadas de detectar y destruir microorganismos invasores.
Además, alrededor de una de cada cuatro personas en el mundo tiene una infección tuberculosa latente. En estos casos, la bacteria permanece en el organismo sin provocar la enfermedad activa, pero puede reactivarse.
El desafío va más allá de la ciencia
La tuberculosis sigue siendo la principal causa de muerte por un patógeno infeccioso y se encuentra entre las 10 principales causas de mortalidad mundial, según la Organización Mundial de la Salud.
Entre 2015 y 2024, la incidencia estimada aumentó un 13 % en la región de las Américas, mientras que a escala mundial disminuyó un 12,3 %. Factores como la pobreza, el hacinamiento urbano, el encarcelamiento masivo y la migración relacionada con el cambio climático han sido señalados como elementos que agravan la propagación.
Por ello, combatir la tuberculosis requiere algo más que una vacuna y antibióticos. El acceso a la atención sanitaria, una nutrición adecuada, el agua potable y una vivienda digna también forman parte del desafío.
La ciencia continúa buscando mejores vacunas y tratamientos, pero erradicar la enfermedad depende igualmente de enfrentar las condiciones sociales que permiten que siga propagándose.
Fuente: BBC




