El maquillaje puede necesitar algunos ajustes con el paso de los años. A partir de los 50, la piel del contorno de los ojos cambia, el párpado puede perder firmeza y las sombras naturales del rostro adquieren mayor protagonismo.
Por eso, adaptar las técnicas y elegir correctamente las texturas puede ayudar a conseguir una mirada más luminosa y favorecida.
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Los maquilladores consultados coinciden en que algunos productos y acabados que antes funcionaban pueden producir ahora el efecto contrario. Entre ellos están las sombras demasiado oscuras, determinados productos con brillo y una aplicación incorrecta de la luz, especialmente cuando se trata de ojos hundidos.
Esta característica, determinada en buena medida por la genética y la estructura facial, puede hacer más difícil encontrar una técnica que equilibre visualmente los volúmenes.
La maquilladora profesional María Arteaga propone trabajar la mirada desde la dimensión y la luminosidad, con el objetivo de suavizar la profundidad y conseguir un aspecto más abierto y fresco.

Maquillaje
Uno de los primeros cambios consiste en preparar correctamente el párpado. Arteaga recomienda utilizar una prebase de sombras y evitar las sombras en crema en las pieles maduras.
“Lo primero de todo, aplica una prebase de sombras porque, en pieles maduras, nunca utilizo sombras en crema para que la piel se vea menos pesada y más natural”, explica.
La prebase ayuda a fijar los productos y puede contribuir a alisar visualmente la zona del párpado. De esta manera, el maquillaje puede integrarse mejor sin cargar la mirada.
Llevar la sombra hacia el hueso
Otro aspecto importante es la ubicación de los tonos oscuros. Aplicarlos directamente sobre el párpado móvil puede acentuar la sensación de hundimiento.
La recomendación consiste en llevar las sombras más intensas hacia la zona del hueso. “Aplicaremos las sombras más intensas en la zona del hueso y nunca en el párpado móvil. Esto reducirá la sensación de volumen del hueso”, señala Arteaga.
Esta técnica permite redibujar visualmente la forma del ojo y crear una apariencia más levantada sin recurrir a una cantidad excesiva de producto.
Una pequeña V para estilizar los ojos
Para definir la mirada, la maquilladora propone crear una forma almendrada en la zona exterior. El procedimiento consiste en utilizar un tono intenso para dibujar una pequeña V en el extremo externo del ojo.
“Con el tono más intenso, dibujo una forma almendrada haciendo una pequeña V en la zona externa del ojo. Esto quitará redondez y hundimiento”, explica.
Después, la V debe difuminarse hacia el centro del párpado. El objetivo es restar volumen visual a la zona y evitar cortes demasiado marcados.
El resto del párpado puede iluminarse con un tono claro. Esta combinación ayuda a aportar luminosidad y a evitar que el ojo parezca todavía más profundo.
Los tonos mate ganan protagonismo
Aunque los acabados brillantes pueden resultar atractivos, especialmente en maquillajes destinados a ocasiones especiales, Arteaga recomienda optar por texturas mate cuando se trata de pieles maduras.
“Si la piel es madura, un acabado mate te va a dar un efecto de piel más lisa”, afirma.
La propuesta busca evitar que el reflejo de la luz destaque pliegues o pequeñas imperfecciones. Por ello, las sombras sedosas de acabado mate pueden integrarse mejor con la piel y ofrecer un resultado más natural.
Delineado suave y línea de agua beige
El delineado también puede formar parte de la rutina, aunque requiere adaptar la intensidad. La recomendación es evitar trazos excesivamente duros y suavizar las líneas para que no endurezcan las facciones.
“Innegociable delinear el ojo, tenga la forma que tenga. Y si es piel madura, siempre suavizando los trazos para que no endurezca”, sostiene la maquilladora.
Para completar la mirada, Arteaga propone aplicar un tono beige en la línea de agua inferior. “Aplica beige en la línea de agua porque los tonos luminosos nos siguen ayudando a que parezca menos hundido”.
Las pestañas también cumplen una función importante. Rizarlas y aplicar máscara con especial atención en las zonas externas ayuda a abrir visualmente los ojos.
Así, adaptar el maquillaje después de los 50 no significa renunciar a las sombras ni al delineado, sino modificar la técnica, las texturas y la ubicación de los productos para aprovechar mejor los volúmenes naturales del rostro. Con una aplicación equilibrada, el objetivo es conseguir una mirada luminosa, definida y natural.
Fuente: El Español




