Las redes sociales están impulsando el regreso de antiguas ideas sobre salud que recuerdan a prácticas de la Edad Media, en un fenómeno que combina desconfianza hacia las instituciones, búsqueda de remedios sencillos y una creciente influencia de contenidos difundidos por influencers de bienestar.
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Aunque la medicina moderna ha conseguido avances extraordinarios, desde el tratamiento de infecciones bacterianas hasta el estudio del ADN y la observación del interior del cuerpo humano, algunas tendencias actuales parecen recuperar conceptos anteriores al desarrollo del pensamiento científico moderno.

Remedios medievales
En plataformas como TikTok, YouTube y Facebook circulan recomendaciones relacionadas con “toxinas”, “purgas”, “limpiezas” y supuestas desintoxicaciones. También existen productos que prometen transformaciones corporales y eventos dedicados a prácticas como el reiki, las técnicas de respiración y la herbolaria.
Este fenómeno también alcanza espacios digitales donde las personas buscan respuestas sobre su salud. Millones de usuarios siguen a influencers especializados en bienestar y recurren incluso a chatbots de inteligencia artificial para obtener información médica.
La desconfianza abrió espacio a nuevas creencias
Uno de los factores señalados por los especialistas es la pérdida de confianza en las instituciones, particularmente después de la pandemia de covid-19.
Roy Perlis, profesor de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Harvard, explicó que durante la emergencia sanitaria muchas personas pudieron observar de cerca cómo funciona la ciencia: un proceso en el que aparecen nuevos datos, se modifican conclusiones y también pueden cometerse errores.
Según Perlis, esa transparencia, combinada con la urgencia de la pandemia, generó un vacío que los influencers de bienestar pudieron ocupar. El problema, señaló, es que una parte importante de la información difundida no es correcta y puede estar diseñada para vender productos o debilitar la confianza en determinadas instituciones.
El experto también considera que el propio sistema de atención médica tiene parte de responsabilidad. Entre otros factores, mencionó el poder ejercido históricamente por la industria farmacéutica y la tardanza en reconocer determinados riesgos.
Para quienes atraviesan una enfermedad, encontrar una explicación puede convertirse en una necesidad urgente.
“El padre o la madre de un niño enfermo está desesperado por encontrar una respuesta y, si alguien se la ofrece, se aferra a ella”, explicó Perlis.
La Edad Media también buscaba explicaciones
Las similitudes con las creencias medievales no significan que ambas épocas sean idénticas. Meg Leja, profesora de Historia Medieval Europea de la Universidad de Binghamton, explicó que las personas de aquella época construían sus tratamientos a partir del conocimiento disponible entonces.
La teoría de los humores, por ejemplo, sostenía que la salud dependía del equilibrio entre cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Las sangrías, las ventosas y las purgas formaban parte de ese marco de pensamiento.
También estaba extendida la teoría del miasma, según la cual el “mal aire” procedente de cadáveres en descomposición o aguas estancadas podía provocar enfermedades.
Para Leja, las personas medievales observaban fenómenos reales, pero extraían conclusiones con las herramientas disponibles. No podían consultar los resultados de un análisis de sangre ni contaban con los métodos modernos para comprender el funcionamiento del organismo.
El análisis de orina ilustra esa evolución. Fue una práctica habitual durante la Edad Media, aunque sus posibilidades diagnósticas eran limitadas. Los métodos modernos desarrollados durante el siglo XIX permitieron comprender con mucha mayor precisión lo que una muestra podía revelar sobre el estado de salud.
Remedios simples
Robin S. Reich, profesora de Historia de la Universidad de Seattle, encuentra otro paralelismo en la relación entre las sociedades y sus instituciones.
Después de la peste negra del siglo XIV también se produjo una crisis de confianza. En Europa, los médicos afirmaban tener respuestas frente a enfermedades que en realidad no podían curar.
Reich considera que el creciente interés actual por la herbolaria y la medicina popular puede interpretarse como una búsqueda de soluciones más sencillas frente a sistemas que muchas personas perciben como demasiado complejos o poco humanos.
La diferencia fundamental es que hoy existe un conocimiento científico mucho más amplio. Precisamente por eso, el retorno de explicaciones sin respaldo científico plantea un desafío particular.
La historia muestra que algunas observaciones antiguas terminaron conduciendo hacia conocimientos válidos, mientras otras conclusiones resultaron equivocadas. El problema aparece cuando esa diferencia se pierde y las creencias se presentan como hechos.
Así, entre TikTok, productos de bienestar y nuevas formas de buscar respuestas, algunas prácticas contemporáneas parecen mirar hacia el pasado en un momento en que la medicina dispone de herramientas que aquellas sociedades jamás tuvieron.
Fuente: CNN





