Los recuerdos no solo permanecen en la mente después de una experiencia significativa. También pueden influir directamente en la calidad del descanso nocturno. Un nuevo estudio realizado por investigadores de China y Estados Unidos encontró que los recuerdos con carga emocional negativa tienden a fragmentar el sueño, mientras que los positivos contribuyen a estabilizarlo.
Leer más: ¿Por qué los hombres lloran al ver un partido de fútbol?
Los hallazgos, publicados en la revista Science, aportan nuevas pistas sobre la relación entre la memoria, el sueño y trastornos como el estrés crónico y la depresión.
Según los científicos, las mismas estructuras cerebrales encargadas de almacenar experiencias podrían desempeñar un papel determinante en la forma en que una persona descansa durante la noche.

Recuerdos
Durante décadas, gran parte de la investigación científica se concentró en analizar cómo el sueño ayuda a consolidar los recuerdos. Sin embargo, la pregunta inversa había recibido menos atención: si las memorias también pueden modificar el sueño. El nuevo trabajo ofrece evidencia que apunta en esa dirección.
La investigación fue liderada por Menghan Yu, Yi Zhong y Bo Lei, junto con especialistas de la Universidad de Tsinghua y el Instituto Nacional de Ciencias Biológicas de Pekín, en colaboración con la Universidad de California en Los Ángeles.
Los investigadores centraron su atención en los llamados engramas de memoria, grupos específicos de neuronas que almacenan recuerdos concretos. De acuerdo con el estudio, estas redes neuronales no solo conservan información, sino que también pueden influir en distintos procesos fisiológicos.
Para comprobarlo, los científicos trabajaron con ratones expuestos a experiencias opuestas. Algunos fueron sometidos a una situación asociada al miedo, en la que un sonido se vinculaba con una descarga eléctrica. Otros participaron en interacciones sociales consideradas positivas.
Posteriormente, los especialistas registraron la actividad cerebral de los animales mientras dormían mediante electroencefalogramas y electromiogramas, herramientas que permiten analizar la actividad eléctrica cerebral y muscular.
Los resultados mostraron diferencias claras entre ambos grupos. Los ratones que habían experimentado situaciones negativas presentaron un sueño más fragmentado. Los episodios de sueño profundo duraban menos tiempo y los despertares eran más frecuentes.
Cuando los investigadores bloquearon los engramas asociados al miedo, esa fragmentación desapareció. El hallazgo permitió identificar que los recuerdos negativos eran los responsables directos de las interrupciones del descanso.
Además, mediante técnicas avanzadas de observación cerebral, los científicos detectaron que las neuronas relacionadas con el miedo se activaban instantes antes de cada despertar. En otras palabras, esos recuerdos parecían funcionar como una especie de alarma interna capaz de interrumpir el sueño repetidamente.
La investigación también utilizó métodos que permitieron apagar o activar neuronas específicas. Al desactivar las vinculadas con los recuerdos negativos, los despertares disminuyeron notablemente. Por el contrario, cuando esas mismas neuronas fueron estimuladas, los animales despertaban con mayor frecuencia.
Los recuerdos positivos mostraron un comportamiento completamente diferente. Las neuronas asociadas a experiencias agradables se conectaban con regiones cerebrales relacionadas con la promoción del sueño profundo.
En cambio, las vinculadas al miedo mantenían conexiones con áreas encargadas de la vigilancia y el estado de alerta.
Según los investigadores, esta diferencia podría explicar por qué ciertos recuerdos generan tranquilidad y favorecen el descanso, mientras que otros producen inquietud y alteran el sueño.
El estudio también examinó ratones sometidos a estrés crónico. En esos casos, la fragmentación del sueño volvió a relacionarse con la reactivación de recuerdos negativos. Cuando los científicos inhibieron las neuronas responsables durante la noche, el descanso recuperó características normales.
Aunque los resultados son prometedores, los propios autores reconocieron una limitación importante: todos los experimentos fueron realizados en ratones. Por ello, será necesario desarrollar nuevas investigaciones antes de determinar si los mismos mecanismos operan de manera idéntica en seres humanos.

Aun así, los especialistas consideran que los hallazgos abren una vía prometedora para comprender mejor la relación entre memoria y sueño. También sugieren que, en el futuro, podrían contribuir al desarrollo de tratamientos más precisos para personas que sufren trastornos del descanso asociados al estrés, la ansiedad o la depresión.
El estudio aporta así una nueva perspectiva sobre una experiencia cotidiana: los recuerdos no solo permanecen en la mente, sino que también pueden acompañar, interrumpir o proteger el sueño mientras el cerebro descansa.
Fuente: Infobae





