La manera en que una persona despierta puede influir directamente en su estado de ánimo, capacidad de concentración y rendimiento diario.
Diversas investigaciones en neurociencia del sueño, cronobiología y psicología conductual coinciden en que el despertar no funciona como un simple interruptor entre dormir y estar despierto, sino como una transición biológica progresiva que condiciona gran parte de la jornada.
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Estudios desarrollados por instituciones como Harvard Medical School, el Centre for Chronobiology de la Universidad de Basilea y laboratorios europeos especializados en sueño han analizado cómo los primeros minutos del día activan procesos hormonales y neurológicos fundamentales para el organismo.

Despertar mejor
Uno de los mecanismos más estudiados es la llamada Cortisol Awakening Response (CAR), un aumento natural del cortisol que ocurre entre los 30 y 45 minutos posteriores al despertar.
Aunque el cortisol suele asociarse al estrés, en este caso cumple una función positiva: ayuda a activar la atención, movilizar energía, sincronizar el reloj biológico y preparar al cuerpo para las actividades diarias.
Los especialistas sostienen que esa primera hora del día funciona como una especie de “configuración biológica” que influye en la claridad mental, el estado emocional y la capacidad de respuesta ante diferentes situaciones.
La forma de despertar también puede reflejar aspectos relacionados con el descanso y el estrés. Por ejemplo, el despertar hipervigilante, caracterizado por revisar el teléfono inmediatamente, responder mensajes o comenzar el día en un estado de ansiedad, suele estar relacionado con una sobrecarga del sistema nervioso.
La psicóloga sanitaria Belén Colomina explicó que iniciar el día desde la urgencia o la hiperestimulación puede mantener al cuerpo en un estado reactivo durante varias horas.
Por otro lado, las personas que encadenan varias alarmas antes de levantarse podrían presentar una deuda de sueño o alteraciones en sus ritmos circadianos. Ambos casos reflejan una transición poco saludable entre el sueño y la vigilia.
Frente a esto, los expertos consideran que el modelo más saludable es el despertar gradual. Este patrón incluye exposición temprana a la luz natural, ausencia de sobresaltos, movimientos suaves y menor exposición a estímulos digitales.
Según las investigaciones sobre ritmos circadianos, las primeras señales que recibe el cerebro al despertar afectan directamente el estado de ánimo, el apetito, la atención y hasta la calidad del sueño de la noche siguiente.
Por ello, los especialistas advierten sobre el uso de alarmas demasiado estridentes. Cuando una persona despierta abruptamente desde una fase profunda del sueño, el organismo puede experimentar aumento de la frecuencia cardíaca, desorientación temporal y mayor sensación de cansancio.
Belén Colomina explicó que muchas alarmas provocan una respuesta fisiológica inmediata de estrés, con liberación de adrenalina y tensión muscular, lo que convierte el inicio del día en una experiencia agresiva para el cuerpo.
Ante este escenario, cada vez más expertos recomiendan sistemas de despertar progresivo mediante sonidos suaves, luces que simulan el amanecer o vibraciones leves.
La exposición a la luz natural matinal también aparece como uno de los sincronizadores circadianos más potentes, ya que ayuda a regular la melatonina y estabiliza el ciclo sueño-vigilia.
Otro aspecto relevante es reducir el uso del teléfono móvil durante los primeros minutos del día. Diversos estudios en psicología cognitiva indican que revisar redes sociales, correos electrónicos o mensajes apenas despertar incrementa la activación del sistema de estrés.
Además, los expertos aconsejan incorporar movimiento físico ligero, como estiramientos o caminatas breves, para facilitar la transición entre el descanso y la actividad.
La mañana también puede beneficiarse de pequeños estímulos positivos. Algunos especialistas destacan la importancia de crear rutinas agradables, como disfrutar de un desayuno saludable o utilizar aromas asociados al bienestar y la tranquilidad.
El neuropsicólogo Javier Esteban señaló que el olfato activa regiones cerebrales vinculadas a la emoción y la memoria, por lo que ciertos olores pueden ayudar a mejorar el estado de ánimo desde temprano.
En el caso del teletrabajo, los expertos recomiendan separar físicamente el espacio de descanso del área laboral para evitar que el cerebro asocie el despertar con estrés inmediato o presión profesional.
Especialistas en bienestar sostienen que mantener un entorno ordenado, silencioso y bien iluminado favorece una transición más saludable hacia las actividades diarias.

La neurociencia del sueño insiste en que el cuerpo humano responde a señales ambientales como la luz, la temperatura y la sensación de seguridad. Sin embargo, los horarios acelerados, la hiperestimulación digital y las rutinas modernas han creado un conflicto constante entre la biología, el estilo de vida actual y un mejor despertar.
Para los investigadores, despertar correctamente no solo mejora la mañana. También puede influir en el equilibrio emocional, la productividad y la calidad del descanso nocturno.
Fuente: La Vanguardia





