Llegar a los 40 no significa renunciar al maquillaje, al contrario, esta etapa representa una oportunidad para ajustar técnicas, elegir productos adecuados y resaltar la belleza natural con mayor elegancia.
Con el paso de los años la piel cambia, y lo que funcionaba a los 20 o 30 ya no siempre ofrece el mismo resultado.
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Sin embargo, muchas mujeres mantienen hábitos que no favorecen su rostro o siguen rutinas que ya no se adaptan a las necesidades actuales de la piel.
Conocer estos errores ayuda a mejorar el acabado del maquillaje y a lograr una apariencia fresca y natural. Así que te dejo algunos de los llamados “pecados capitales” del maquillaje para evitar que los sigas cometiendo.
Descuidar la rutina diaria de cuidado de la piel
Uno de los errores más comunes consiste en maquillarse sin prestar suficiente atención al cuidado básico de la piel. A esta edad, la limpieza, la hidratación y la protección solar resultan fundamentales.
Un rostro bien cuidado se convierte en la mejor base para cualquier maquillaje. Limpiar el rostro cada día, aplicar una crema hidratante y usar protector solar ayuda a mantener la piel más luminosa y uniforme.

Aplicar maquillaje sobre la piel seca
Otro pecado capital del maquillaje ocurre cuando se aplica el producto sobre un rostro sin hidratar. Esto provoca que la base se adhiera a las líneas de expresión y resalte zonas secas.
Una buena rutina antes de maquillarse comienza con una crema hidratante con protección solar. Luego se puede utilizar un primer que ayude a preparar la piel y a mejorar la duración del maquillaje.
Elegir una base del tono equivocado
El tono incorrecto de base es uno de los fallos más visibles. Muchas mujeres escogen bases demasiado claras con la intención de iluminar el rostro, pero el resultado termina siendo poco natural.
Cuando el color no coincide con el tono de piel, el maquillaje crea un efecto de “máscara” que contrasta con el cuello y el resto del cuerpo.
La forma más sencilla de encontrar el tono adecuado consiste en probar la base directamente en el cuello o en la línea de la mandíbula. Así se logra una transición más armoniosa entre rostro y cuerpo.

Abusar del delineador en los ojos
El delineador líquido o en lápiz ha sido durante años un básico del maquillaje. Sin embargo, su uso excesivo a partir de cierta edad endurece las facciones.
Una línea muy marcada alrededor de los ojos resta suavidad a la mirada. En lugar de eso, el uso de sombras bien difuminadas ayuda a crear profundidad sin exagerar.
El delineador sigue teniendo un lugar en el maquillaje, pero resulta más favorecedor aplicarlo solo en el párpado superior y de forma sutil.
Usar demasiados colores en los párpados
Si de pecados capitales se habla, este sin duda es uno de los más graves. La combinación de muchos tonos en los ojos no siempre favorece a partir de los 40.
Cuando el maquillaje se vuelve demasiado cargado, la mirada pierde naturalidad. Una paleta sencilla con dos o tres colores ofrece mejores resultados.
En esta etapa, una regla funciona muy bien: menos, es más.

Descuidar la limpieza de los implementos
Por último, pero no menos importante, la higiene de las herramientas de maquillaje casi siempre pasa desapercibida, pero resulta clave para mantener la piel saludable.
Las esponjas y brochas acumulan restos de maquillaje, grasa y bacterias con el paso del tiempo. Si no se limpian con regularidad, esos residuos terminan en el rostro.
Las esponjas utilizadas para aplicar polvo compacto deben lavarse al menos una vez por semana. Las brochas se pueden limpiar con champú suave y dejar secar al aire.
Recuerda, maquillarse después de los 40 consiste en resaltar los rasgos, iluminar el rostro y transmitir seguridad mientras cuidas la piel.
Fuente: Vida y estilo





