Hay vínculos que sanan y de ello no hay duda. Pero… ¿Cómo se llega a ello? Aquí puedes conocer más sobre ello.
Para Martha Susana Jiménez, la ruptura de su relación no comenzó con un grito ni con una pelea. Empezó con algo más silencioso: un cambio sutil en cómo se sentía consigo misma. Un día se dio cuenta de que ya no era igual. Intentó justificar las actitudes del otro, restarle importancia a ciertos comportamientos, pero finalmente entendió que algo se había roto por dentro. La humillación fue la primera señal que identificó; ese momento en el que la otra persona buscaba colocarse en un lugar de poder, reduciendo el valor de quien tenía enfrente, ella misma.

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Reconocerlo no fue inmediato. “Lo más difícil fue aceptar el duelo de lo que ya no volvería a ser”, cuenta en exclusiva para inSouth Magazine. A través de la terapia entendió los patrones que la llevaban a ceder espacio, a normalizar ciertas dinámicas y a callar para sostener vínculos que en realidad la dañan (en su trabajo se sobre cargaba, con sus amigos no podía decir que no, y en su casa se sentía inferior todo el tiempo). Hoy, desde un lugar más consciente, sus relaciones nacen de la honestidad y del respeto propio: ya no se queda donde no quiere estar.
Patrones de “amor tóxico” en la comunidad latina
Esa misma complejidad emocional es la que observa diariamente Andrea S. Ulloa, MSW, LMSW —Bilingual Therapist, Forensic Evaluator y Mental Health Immigration Evaluator—, quien explica que los vínculos afectivos condicionan profundamente la salud mental y física. Para ella, una relación sana actúa como refugio: regula las emociones, ofrece pertenencia, sostiene la autoestima y enseña modelos de afrontamiento. Pero cuando el vínculo es inestable, controlador o emocionalmente violento, el impacto es inmediato: ansiedad, insomnio, fatiga crónica, dolores físicos, culpa e incluso síntomas cardiovasculares.
Andrea enfatiza que muchas personas en la comunidad latina tienen dificultades para identificar una relación dañina debido a patrones aprendidos en la infancia, la normalización del maltrato, el miedo a la soledad o la carga cultural que invita a “aguantar”. Por eso, insiste en que aprender a poner límites, reconocer señales de alerta y promover el autocuidado emocional es una herramienta de supervivencia. “Amar bien es una habilidad aprendida”, sostiene.
Además, Andrea S. Ulloa señala que comprender la raíz del desgaste emocional requiere mirar más allá del conflicto inmediato. Muchas veces, explica, los vínculos dañinos activan heridas profundas relacionadas con el apego, la historia familiar o experiencias previas de abandono. Esto hace que la persona confunda amor con disponibilidad intermitente. Para Andrea, la clave está en reconocer que la buena salud emocional no depende solo de “dejar una relación tóxica”, sino de reconstruir las bases internas que te hagan no volver a ése lugar.
Cuando una persona aprende a regular sus emociones, practicar la comunicación asertiva y sostener límites claros, su capacidad de elegir vínculos más equilibrados se fortalece. Y con este fortalecimiento, agrega, mejora también la salud física, el sueño, la concentración y la energía vital: “El cuerpo responde inmediatamente cuando dejamos de vivir en un estado de alerta afectiva”.
Sanar lleva su tiempo
En el proceso de sanar después de vínculos dolorosos, ya sea una relación de amistad que debió terminar, de pareja o renunciar a un trabajo que sientes disfrutar pero agota tu energía, emerge la voz de Elizabeth Gómez del Valle, Psicóloga y Life Coach, quien afirma que la reconstrucción inicia con un acto esencial: validar lo vivido.
Muchas personas salen de relaciones lastimadas sintiendo culpa o confusión, sin permitirse reconocer que su dolor es legítimo, entendiendo que es válido sentirse triste, angustiado o con profundo dolor. Luego llega el retorno al cuerpo: respirar, escribir, descansar, moverse; estas microacciones de presencia – en el hoy – comunican internamente: “estoy aquí para mí”.
Elizabeth comenta que suele ocurrir algo muy común, y es empezar un nuevo vínculo afectivo cuando recién se termina otro, por lo que explica qué la pausa entre relaciones no representan un vacío, sino terreno fértil. Es el espacio donde se distingue qué parte del dolor pertenece al vínculo roto y cuál es una invitación a sanar la propia historia emocional. Desde ahí surge la claridad, la autoestima y la capacidad de elegir relaciones más conscientes y compasivas.
En el corazón de todas estas experiencias — el dolor de Martha, la claridad técnica de Andrea y la invitación a sanar de Elizabeth — late una verdad que merece celebrarse: los vínculos pueden herir, sí, pero también pueden sanar, sostener y transformar.
inSouth Tips: 5 consejos prácticos para tener vínculos que sanan
- Haz un “chequeo emocional” semanal: Pregunta frente al espejo: ¿cómo estoy realmente en mi trabajo, y qué necesito en la relación con mi amiga, qué no me gusta de mi pareja?
- Crea acuerdos afectivos: No sólo limites; los pactos claros sobre respeto, tiempos y comunicación son vitales para rearmar cualquier vínculo.
- Practica micro-reparaciones: Pequeños gestos para reparar tensiones antes de que escalen. Cenas, masajes, momentos de calidad juntos.
- Define tu círculo seguro: Identifica 3 personas a quienes sí puedes acudir sin miedo ni juicio en caso que lo necesites. No estás solo – sola.
- Evalúa tu energía después de cada interacción: Si sales drenado constantemente, ese vínculo necesita revisión.
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Fuentes: Mayluth Mujica, Associate Editor, Editorial Coordinator; Martha Susana Jiménez; Elizabeth Gómez del Valle, Psicóloga y Life Coach; Andrea S. Ulloa, MSW, LMSW —Bilingual Therapist, Forensic Evaluator y Mental Health Immigration Evaluator.





