Tener plantas en casa puede cambiar por completo el ambiente de un espacio. Aportan color, vida y hasta una sensación de calma, pero también es bastante común que muchas de ellas se marchitan y mueren en cuestión de una semana.
La verdad es que, en la mayoría de los casos, las plantas no mueren de repente ni por casualidad. Normalmente hay pequeñas señales que se pasan por alto o errores de cuidado que se repiten sin darnos cuenta.
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Lo interesante es que muchas veces estos problemas tienen solución, y aprender a identificarlos puede marcar la diferencia entre una planta marchita y una que crece feliz en tu hogar.
Así que toma nota y evita ser el verdugo de tus plantas.
Demasiada agua
Si hay algo que suele matar plantas con frecuencia, es el exceso de riego. Mucha gente piensa que regar más significa cuidar mejor, pero en realidad ocurre lo contrario.
Cuando reciben demasiada agua, sus raíces se quedan sin oxígeno. Esto provoca que empiecen a pudrirse, algo que muchas veces no se nota hasta que la planta ya muestra hojas amarillas o blandas.
Una buena forma de evitarlo es revisar la tierra antes de regar. Si todavía está húmeda, probablemente no sea necesario añadir más agua.

Falta de luz adecuada
Cada planta tiene necesidades distintas de luz, y no todas sobreviven en cualquier rincón de la casa.
Algunas especies necesitan mucha luz natural para crecer, mientras que otras prefieren espacios más tranquilos y con luz indirecta. Cuando una planta no recibe la luz que necesita, suele crecer débil, inclinarse hacia la ventana o perder color en las hojas.
Evita dejarlas en sitios que estéticamente funcionan pero que les impide obtener la luz necesaria para estar sanas y fuertes.
Elegir las plantas equivocadas
No todas las plantas requieren el mismo nivel de cuidado. Algunas necesitan atención frecuente, mientras que otras son mucho más resistentes.
Muchas personas compran plantas impulsivamente sin investigar un poco sobre sus necesidades. Luego descubren que requieren riego constante, humedad especial o mucha luz.
Si tienes una rutina ocupada o viajas con frecuencia, lo mejor es elegir plantas que puedan adaptarse a ese estilo de vida. A veces, el problema no es que seas malo cuidando plantas, sino que elegiste una que no encajaba contigo.

Problemas con el tipo de tierra
La tierra no es solo un detalle: es el lugar donde la planta obtiene gran parte de sus nutrientes y donde se desarrollan sus raíces.
Cuando el sustrato es demasiado compacto o no drena bien, retiene demasiada agua o impide que las raíces respiren correctamente.
Si la tierra está muy pobre en nutrientes, la planta no tendrá lo necesario para crecer. Por lo tanto, cambiar la tierra cada cierto tiempo o usar mezclas adecuadas mejorará mucho su salud.
Cambios bruscos de temperatura
Colocarlas cerca de calefacciones, aire acondicionado o corrientes de aire afectan su crecimiento. Incluso moverlas constantemente de lugar puede generar estrés en algunas especies.
Cuando una planta comienza a perder hojas sin una razón aparente, a veces el problema está en el entorno y no en el riego o la luz.
Lo ideal es encontrar un lugar estable donde la planta se sienta cómoda y mantenerla allí.

Ignorar las señales
Las plantas se comunican de formas muy sutiles. Las hojas amarillas, las puntas secas o el crecimiento lento son señales de que algo no está bien.
Muchas veces estas señales aparecen semanas antes de que la planta empeore. Si se detectan a tiempo, es posible corregir el problema, no lo ignores y revisa cada cierto tiempo sus hojas, el color y la tierra.
Si alguna no sobrevivió, no significa que seas un verdugo de plantas, tal vez solo era cuestión de conocer mejor sus cuidados. Por fortuna, ya sabes qué puede ocurrir y la próxima plantica que llegue a tu casa cambiará tu suerte como jardinero.
Fuente: Flor Moments





