Reconocer las señales tempranas y adoptar hábitos saludables permite actuar con anticipación. El deterioro cognitivo no siempre se puede evitar, pero sí se puede retrasar y manejar mejor cuando se detecta a tiempo.
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Los pequeños olvidos forman parte del envejecimiento normal, pero cuando se vuelven frecuentes y empiezan a interferir con la vida diaria pueden indicar un deterioro cognitivo que merece atención.
La neurociencia advierte que no todos los cambios mentales asociados a la edad son iguales y que distinguir entre envejecimiento cerebral y demencia resulta fundamental para actuar a tiempo.

Deterioro cognitivo
De acuerdo con la Cleveland Clinic, la pérdida de memoria suele ser el signo más conocido del deterioro cognitivo, aunque no es el único ni siempre el más relevante.
En muchas personas, los primeros cambios aparecen en la concentración, el lenguaje o la capacidad para realizar tareas cotidianas.
Cada cerebro envejece de forma distinta y, por lo tanto, los síntomas no se presentan igual en todos los casos.
Ben Parris, profesor de cognición y neurociencia cognitiva de la Universidad de Bournemouth, explicó que el deterioro cognitivo puede manifestarse incluso de manera repentina.
Una de las claves está en el lóbulo frontal, región situada detrás de la frente y responsable de funciones ejecutivas como planificar, organizar, concentrarse e interactuar con el entorno.
Con la edad, este lóbulo comienza a reducirse, aunque no siempre al mismo ritmo. La demencia acelera ese proceso, pero no son conceptos equivalentes.
Parris sostiene que el lóbulo frontal puede mantenerse en buen estado incluso después de los 60 años. Identificar cuándo empieza a deteriorarse permite tomar medidas para ralentizar el proceso. En este contexto, el especialista describió cinco señales de alerta que conviene observar con atención.
La primera señal es la dificultad para realizar varias tareas a la vez. Actividades que antes resultaban simples, como cocinar y mantener una conversación, comienzan a mezclarse.
La persona pierde fluidez, le cuesta concentrarse y necesita más tiempo para adaptarse. Esto refleja un problema en la flexibilidad cognitiva.
La segunda señal es la omisión frecuente de palabras al hablar. Saltarse términos o confundirlos de manera habitual, más allá del cansancio ocasional, puede indicar una alteración en la inhibición de la respuesta, una función clave para bloquear información irrelevante y mantener la atención.
La tercera señal consiste en mezclar palabras relacionadas. Decir “cuchara” cuando se quiere decir “tenedor” puede parecer menor, pero cuando ocurre con frecuencia revela dificultades cognitivas.
Cuanto mayor es la distancia entre la palabra deseada y la pronunciada, más avanzado suele ser el deterioro.
La cuarta señal son los olvidos recurrentes durante tareas cotidianas. Salir de casa sin la billetera o perder objetos con frecuencia apunta a fallos en la memoria de trabajo, encargada de retener y manipular información a corto plazo. Si estos episodios aumentan, conviene consultar a un profesional.
La quinta señal es la desorientación al buscar objetos. Olvidar qué se necesita comprar o no encontrar cosas en casa o en una tienda refleja problemas en la memoria a corto plazo y en la memoria espacial.
Estudios muestran que las personas con deterioro cognitivo tienden a recorrer espacios de forma desordenada.
Parris recomienda acudir al médico si estos síntomas afectan la vida normal o empeoran con el tiempo. La evaluación puede incluir pruebas neuropsicológicas y estudios de imagen para descartar demencia, accidentes cerebrovasculares u otras causas.

La prevención juega un papel decisivo. La evidencia científica indica que mantenerse activo, comer de forma equilibrada, no fumar, controlar la presión arterial, el colesterol y el azúcar en sangre reduce el riesgo de demencia.
El ejercicio físico regular, tanto cardiovascular como de fuerza, favorece el flujo sanguíneo cerebral y se asocia con una menor contracción del cerebro.
Además, desafiar la mente a diario ayuda a proteger la salud cognitiva. Aprender nuevas habilidades, leer, resolver problemas y mantener una vida social activa estimulan el cerebro. Pasar tiempo en la naturaleza también se vincula con una mejor memoria de trabajo.
Reconocer las señales tempranas y adoptar hábitos saludables permite actuar con anticipación. El deterioro cognitivo no siempre se puede evitar, pero sí se puede retrasar y manejar mejor cuando se detecta a tiempo.
Fuente: Infobae






