Si hay algo que este año dejó claro es que el video corto llegó para quedarse. Desde mi rol como estratega de marketing, veo cómo este formato se convirtió en una de las herramientas más efectivas para conectar con audiencias reales, especialmente en momentos de alto consumo como diciembre.
El video corto funciona porque es directo, humano y cercano. No necesita grandes producciones; necesita claridad, autenticidad y propósito. Las personas quieren ver cómo se usa un producto, quién está detrás de la marca y por qué deberían confiar en ella.
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Además, el crecimiento del comercio social cambió las reglas del juego. Hoy el contenido no solo informa o entretiene: también facilita la compra. El recorrido del usuario es más corto, más intuitivo y más emocional.
Siempre les digo a mis clientes que no busquen viralidad vacía. Un buen video es aquel que responde a una necesidad, despierta una emoción o resuelve una duda. En diciembre, cuando la atención está dividida, este tipo de contenido marca la diferencia.
El desafío no está en subirse a la tendencia, sino en integrarla a una estrategia coherente. El video corto no reemplaza otros formatos, pero sí se convierte en una pieza clave para cerrar el año con resultados concretos.
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Comparto estos artículos como parte de mi compromiso con un marketing más consciente, estratégico y humano. Creo en la comunicación que construye relaciones y deja huella.
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